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La noche que Jesús enseñó que servir es la esencia de seguirle

En su última cena, Jesús no dio un discurso, sino que lavó los pies de sus discípulos. Una lección sobre servicio, amor y humildad que sigue siendo vigente.

Fotografía de Envato.
Fotografía de Envato.

En Juan 13 nos encontramos con uno de los momentos más íntimos y decisivos del ministerio de Jesús. Sabiendo que su hora había llegado, Él no eligió un discurso grandioso, sino un acto profundamente práctico que redefiniría lo que significa seguirle: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1). En ese contexto de urgencia y amor, Jesús no solo se despide, sino que trataba de equipar a sus discípulos con todas las herramientas que iban a necesitar, pues ellos continuarían la obra de Cristo. 

Este capítulo es una guía clara y confrontante. A través de sus acciones y palabras, encontramos principios esenciales que todo creyente necesita entender y vivir: 

  1. El servicio a los demás como propósito de la misión: “Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.” (Juan 13:5) Si profundizamos un poco más que la mera acción de lavar los pies de sus discípulos, Jesús quería ejemplificar la importancia del servicio como característica esencial de sus representantes. No hay discipulado sin servicio.
  2. El amor como evidencia de ser seguidor de Cristo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.” (Juan 13:35) Es importante recalcar que el amor del que habla Jesús no tiene una definición terrenal, no es condicionado, no es “recíproco”… El amor del que habla Jesús es el amor desinteresado que produce, solo y exclusivamente, el estar en Él.
  3. La inocencia de nuestra autosuficiencia: “Jesús le respondió: —¿Tu vida darás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces.” (Juan 13:38). Seguir a Cristo en un mundo que va en dirección contraria no es algo que podamos lograr solos. Creer que nuestra experiencia o sentido común son suficientes para enfrentar los dilemas espirituales es precisamente la trampa en la que cayó Pedro.

Jesús, al ver que su tiempo estaba cerca, quería asegurarse que sus discípulos comprendieran la tarea que les esperaba más adelante. El servicio desinteresado y el amor que Cristo exige, solo puede ser alcanzado por medio de Él mismo. No podemos ni debemos aventurarnos a representar a Cristo por medio del servicio y el amor por otros, si no somos uno en Cristo.

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” (Juan 13:34)

Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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