Jóvenes misioneros de Montemorelos renuevan esperanza en Egipto
Estudiantes de la UM restauran espacios en la Nile Union Academy y dejan una huella de servicio y fe.
El sonido de las herramientas resonaba en los pasillos de la Nilo Union Academy, en El Cairo, Egipto. No era una obra común; era el resultado del esfuerzo, la fe y la determinación de un grupo de jóvenes que cruzaron continentes para hacer la diferencia. Durante 15 días, 17 estudiantes y varios docentes de la Universidad de Montemorelos (UM) trabajaron sin descanso para transformar un espacio deteriorado en un lugar digno para los alumnos de la academia.
Todo comenzó con el llamado de Eduardo Carpintero, graduado de la carrera de Teología en 2024 y actual misionero en la academia. Al percatarse de la urgente necesidad de remodelar los sanitarios del dormitorio de caballeros, recordó la labor del grupo Jóvenes Adventistas Misioneros (JAM) de la UM y decidió contactarlos. La respuesta fue inmediata. Con la coordinación de la Dra. Arely Santos, se formó un equipo dispuesto a embarcarse en esta misión, cada uno costeando su propio viaje, con la convicción de que el esfuerzo valdría la pena.
Pero nada los preparó para lo que encontrarían. “Cuando entramos, nos dimos cuenta de que no había muros, no había piso, solo la tubería. Recuerdo decirle a mi padre -José Gómez, uno de los voluntarios-: ‘Esto es demasiado trabajo, no vamos a terminar’”, compartió Óscar Gómez, asistente de proyectos de mantenimiento en la UM. El desafío era mayor de lo esperado, pero la fe los sostuvo. “Este es un trabajo de tres meses, y tenemos quince días para hacerlo. Aquí, lo único que nos ayudará será la gracia de Dios”, dijo José Gómez, jefe de Mantenimiento de la Universidad, al grupo de voluntarios que esperaban las indicaciones para empezar a trabajar.
Las jornadas fueron extenuantes. Desde el amanecer, los jóvenes limpiaban escombros, cribaban arena, buscaban materiales, colocaban tuberías y armaban divisiones. Cada obstáculo se convertía en una prueba de resistencia y trabajo en equipo. “Allá los materiales son diferentes, las estructuras no son como las conocemos aquí en México. Adaptarnos fue todo un reto”, explicó Óscar. Sin embargo, la determinación de los voluntarios y el apoyo de especialistas locales permitió que el proyecto avanzara a buen ritmo.
Además de la remodelación de los sanitarios, el equipo de voluntarios también trabajó en la renovación de los dormitorios. Se reforzaron estructuras, se colocaron nuevas puertas y se pintaron las habitaciones, brindando a los estudiantes un ambiente más seguro y acogedor. “Ser parte de esta misión significó poner el corazón y esfuerzo en algo con impacto eterno. En Egipto ayudé con la limpieza, pintura y organización, pero lo más valioso fue conectar con personas de otra cultura y mostrarles un cariño genuino a través del servicio”, comentó Paulett Pérez, miembro de JAM.
Más allá de la construcción, la experiencia transformó vidas. El testimonio del grupo JAM impactó a los estudiantes de la academia, que en su mayoría son provenientes de Egipto, Sudán y Sudán del Sur. Muchos de ellos, refugiados de guerra, encontraron en estos jóvenes misioneros un ejemplo de servicio y esperanza.
Cuando el último azulejo fue colocado y los sanitarios estuvieron listos, la emoción fue indescriptible. “Estamos muy agradecidos como dormitorio, como escuela, como comunidad. JAM fue una gran bendición”, expresó Eduardo Carpintero. Más que una remodelación, fue un recordatorio de que la misión va más allá de las palabras: se construye con amor, sacrificio y la certeza de que Dios abre caminos donde parece no haberlos.
Julian Marin, director interino de la Nile Union Academy, destacó el impacto del equipo en la institución. “El grupo de JAM realizó un trabajo excepcional. Con el personal local, no habríamos logrado la misma calidad en tan poco tiempo. Cuidaron cada detalle de manera profesional y llevaron a cabo más tareas de las planificadas. El personal de la institución quedó impresionado por su dedicación y esfuerzo. A nivel espiritual, dejaron una marca significativa de compañerismo, buen ejemplo y alegría. Nos beneficiamos enormemente de su labor y energía revitalizante, lo cual nos motiva a seguir adelante con nuestra misión en Egipto”.
Más que un proyecto de construcción, esta misión fue un testimonio de fe en acción. Los jóvenes de JAM no solo transformaron espacios físicos, sino también corazones, recordando que servir es una de las maneras más poderosas de predicar el evangelio. Lo que hicieron en Egipto permanecerá en la memoria de muchos, pero, sobre todo, en su propio crecimiento espiritual. A su regreso a México, los jóvenes misioneros de JAM se preparan para continuar sirviendo donde se les llame.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






