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Francisco Jiménez (Don Panchito)

Un legado perdurable.

Ptr. Francisco Jiménez. Fotografía por: Centro White Montemorelos.
Ptr. Francisco Jiménez. Fotografía por: Centro White Montemorelos.

En el pintoresco Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, nació un alma noble el 20 de febrero de 1915. Francisco Jiménez, conocido cariñosamente como Don Panchito, fue el menor de diez hermanos, y desde su infancia mostró un espíritu altruista y un corazón entregado a la causa de Dios.

A sus 8 años Francisco entregó su corazón a Jesús, guiado y enseñado por sus tíos Aurelio y María, quienes también le regalaron una preciosa Biblia.

Desde joven destacó como un entusiasta del colportaje, ese ministerio que él llamaba cariñosamente “el bendito ministerio del colportaje”. Siendo adolescente, ingresó a la Escuela Normal de Montemorelos, donde encontró su pasión por compartir las verdades bíblicas con aquellos que necesitaban esperanza.

El amor por el colportaje floreció en su corazón, y con él, la convicción de que los jóvenes debían ser partícipes de esta noble labor. El pastor Francisco se convirtió en un maestro y promotor del colportaje en México, un personaje inspirador que alentaba a los estudiantes a salir y compartir el mensaje de esperanza contenido en los libros que llevaban consigo.

Su personalidad amable y tierna hizo que todos lo vieran como un padre, especialmente los jóvenes colportores a los que cariñosamente llamaba “sus muchachitos”. En cada reunión, les traía regalos y dulces, como cualquier abuelo amoroso lo haría por sus nietos. Su influencia trascendía más allá de las palabras, pues vivía el estilo espiritual unido a las técnicas de venta que enseñaba, y oraba por ellos siempre.

Por el legado de Don Panchito uno de los autobuses lleva con orgullo su nombre de la institución lleva su nombre a través de EMPRENDUM.
Por el legado de Don Panchito uno de los autobuses lleva con orgullo su nombre de la institución lleva su nombre a través de EMPRENDUM.

Su entrega a la causa no conocía fronteras, ya que trabajó tanto en México como en Estados Unidos, y su compromiso con el ministerio del colportaje nunca disminuyó a lo largo de sus 40 años de servicio.

Don panchito sirvió a Dios en cada trabajo que tuvo, desde ayudante de almacén, siendo cajero y ayudante de contabilidad, como departamental de colportaje o siendo colportor de campo.

A pesar de su retiro, Don Panchito continuó sirviendo a la iglesia, llevando su amor y cariño a los jóvenes colportores.

El legado de Don Panchito, que orgullosamente es egresado de la Universidad de Montemorelos, permanece en la institución a través de EMPRENDUM, la oficina de colportaje estudiantil, donde unos de los autobuses lleva con orgullo su nombre. Su historia es un recordatorio constante del impacto que una vida dedicada al servicio y a Dios puede tener en la vida de muchos.

Fuente: sacado del libro “Dejando un sueño prendido”, reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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