Estudiantes de la UM fortalecen un programa de enseñanza musical comunitaria en Guadalupe
Cerca de 50 niños y jóvenes reciben formación musical y espiritual en la Iglesia Del Río gracias al trabajo conjunto de voluntarios y estudiantes universitarios.
“Queríamos que nuestros hijos aprendieran a alabar a Dios con música sacra, con música cristiana. Y Dios ha provisto todo lo necesario”, así afirma Rosalba Vásquez, una de las fundadoras del Ministerio de Formación Musical de la Iglesia Adventista Del Río, ubicada en Guadalupe, Nuevo León; un ministerio musical iniciado en 2017 que ha transformado la vida de decenas de niños y jóvenes.
Lo que comenzó como una actividad durante una Escuela Bíblica de Vacaciones se ha consolidado en un programa formativo sostenido por el compromiso de voluntarios y el respaldo de alumnos de la Universidad de Montemorelos (UM), apoyando a niños y jóvenes adventistas y no adventistas a desarrollar sus talentos musicales.
“El ministerio nació a partir de la Escuela Bíblica ‘Una Explosión Musical con Jesús’”, explicó Vásquez. “Participaron muchos niños sin ningún vínculo previo con la iglesia, pero muy interesados en la música y en conocer de Jesús”.
La falta de escuelas de música y docentes capacitados en la zona motivó a buscar apoyo en la UM. Desde entonces, al menos diez estudiantes de la carrera de Música — entre ellos Cristopher Treviño, Leslie Chablé, Freddy Pérez, Cynthia Hernández y Jesús Castro — han colaborado como maestros voluntarios. También se han sumado profesores como Raúl Silveira y Williams Fariñas.
Las clases, que combinan formación musical y estudios bíblicos, han fomentado no sólo el desarrollo artístico, sino también decisiones espirituales. Algunos de los alumnos decidieron bautizarse. “El templo, que antes solo se utilizaba los sábados, se convirtió en un espacio activo para la formación espiritual, musical y comunitaria”, indicó Vásquez.
Jesús Castro, estudiante del segundo año de Música en la UM, relató su experiencia como maestro de violín: “A principios del semestre, el Mtro. Pavel Semanivzki y otro compañero, me invitaron a participar de este ministerio y ha sido de mucha bendición para los niños y para mí también, porque como su maestro, estoy adquiriendo experiencia enseñando, que es el foco de mi carrera, y ellos aprenden a alabar a Dios mientras desarrollan disciplina y compromiso”.
“Para los estudiantes de la UM es un proyecto muy especial porque no solo desarrollan habilidades en la enseñanza musical, sino que además reciben un incentivo financiero que les ayuda para sus gastos personales”, comentó el maestro Semanivsky, profesor de música y director de la Orquesta Universitaria UM, quien conoció este ministerio a través de uno de los alumnos. Impresionado por el impacto del proyecto, decidió llevar a la Orquesta Intermezzo a tocar junto a los estudiantes del ministerio y ha promovido la participación de más alumnos en esta labor.
Los estudiantes del ministerio participan en actividades comunitarias como brigadas médicas y proyectos evangelísticos, donde acompañan con música mientras los adultos colaboran en otras áreas.
El impacto también ha trascendido lo eclesiástico. En diciembre, el grupo fue invitado a participar en la inauguración de la Villa Navideña organizada por el municipio. “Cuando la alcaldesa los vio uniformados y preparados, cambió el programa para que tocaran más himnos navideños. La gente comentaba: ‘Esto sí es verdadera Navidad’”, compartió con entusiasmo Vásquez.
A casi una década de su creación, el Ministerio de Formación Musical de la Iglesia Del Río sigue creciendo y enfrentando nuevos desafíos. Los cerca de 50 niños y jóvenes reciben formación musical y espiritual, adaptada al nivel de cada estudiante. La iglesia local ha adquirido instrumentos para asegurar el acceso igualitario.
Este ministerio, asegura Vásquez, se sostiene gracias al compromiso de voluntarios, el respaldo de padres de familia y la colaboración de estudiantes que cada semana dedican su tiempo y talento para formar a las nuevas generaciones.
La iglesia continúa siendo un espacio abierto para la misión, y su modelo ha demostrado que es posible integrar la enseñanza artística con el servicio comunitario y la formación cristiana. “La Iglesia Del Río es un gran ejemplo para otras iglesias, al usar sus instalaciones para la obra misionera a través de la música y abrir sus puertas para alcanzar a los niños”, señaló el maestro Pavel Semanivsky.
En la actualidad se ofrecen clases de piano, violín, guitarra, saxofón, flauta transversal y dulce, ukelele, clarinete, trompeta, coro, canto, iniciación musical y solfeo, pero la demanda supera la capacidad de atención. “Nos faltan maestros”, admite Vásquez. “No hacemos publicidad porque sabemos que no podríamos atender a todos”.
Vásquez concluye con una invitación a quienes deseen colaborar como maestros voluntarios, pueden comunicarse a través del 81 1722 8227.






