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El sueño que despertó mi inquietud por estudiar Teología

La historia de Juan José Andrade, director de la Facultad de Teología y del Centro de Investigación Elena G. White de la Universidad de Montemorelos.

Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.
Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.

De niño soñaba con estudiar medicina; recuerdo que mis juguetes estaban relacionados con el área médica. Mientras crecía, mis padres decían que yo iba a ser el médico de la familia y todo parecía llevarme hacia ese rumbo. Un día, cuando estaba iniciando la secundaria, pasó algo muy curioso en casa. Mientras comíamos juntos, mi hermano mayor nos contó un sueño que nos asombró mucho en el que yo bautizaba a mi papá.

¿Por qué nos parecía extraño? Porque desde que nacimos mis hermanos y yo, mi madre ya pertenecía a la Iglesia Adventista y siempre nos educó en los principios de la religión; sin embargo, aunque mi padre conocía el adventismo, nunca se había querido bautizar porque no quería ningún compromiso con la iglesia. A nosotros siempre nos permitió asistir y él iba a algunos programas especiales de vez en cuando, pero hasta ahí. Por esa razón es que a todos nos pareció muy extraño el sueño de mi hermano, además de que yo nunca había pensado en estudiar Teología. Mi inclinación se mantenía hacia la medicina y, tanto en secundaria como en preparatoria, elegía las áreas de Ciencias Naturales para prepararme mejor.

Cuando estaba en mi último año de prepa, en la iglesia me invitaron como maestro de Escuela Sabática para la clase juvenil. También participé como líder en una campaña de barrio y otra de evangelismo; gracias a eso, comencé a disfrutar mucho el trabajo misionero. Pude darme cuenta que había otras formas directas y cercanas de trabajar en favor del bienestar de las personas, por lo que casi para terminar la preparatoria, me sentía muy confundido sobre si estudiar Medicina o Teología. No quería hacer algo que no fuera la voluntad de Dios.

Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.
Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.

Desde mi juventud tuve la inquietud de saber cómo servir mejor a Dios y a la iglesia, por lo que trataba de estudiar mi Biblia diariamente y procuraba no perderme ninguna matutina para comenzar bien el día. En esa época en que estaba tan indeciso respecto a la elección de mi carrera, busqué a un pastor para contarle mi experiencia y pedirle su consejo. Él me preguntó: ¿Has orado?, a lo que le respondí: “La verdad no mucho”. Así que su recomendación fue que orara más y que Dios me indicaría el camino que debía seguir. Así que todo ese verano estuve en constante oración.

Cuando mis padres se enteraron de mi interés por estudiar Teología, trataron de persuadirme, ya que ellos querían que yo fuera médico. A pesar de que mi mamá era una fiel miembro de la iglesia, tenía temor de que yo fuera pastor y tuviera una vida difícil, con demasiadas carencias o problemas.

Justo antes de terminar el curso escolar en Montemorelos y de iniciar las vacaciones de verano, mi madre vino a buscar a mi hermana que estudiaba aquí. Y, aprovechando el momento y sin decirle a nadie de la familia, fue a Rectoría a buscar a la chica que trabajaba en ese entonces allí y que nos conocía, para pedirle algo muy importante. Mi mamá le dijo: “Te voy a pedir un favor, mi hijo todavía no decide qué estudiar pero yo no quiero que se quede fuera. Te dejo esta solicitud, si ves que no te llamamos y que el tiempo está pasando, por favor métela tú”.

El verano estaba por terminar y mis padres me preguntaban si ya había decidido qué estudiar, pero yo les decía que seguía indeciso; hasta que un día, al regresar a casa, mi mamá me dijo sorprendida: “Te llegó una carta de la Universidad de Montemorelos, ¡ábrela!”. Al abrir el sobre, me di cuenta que era la aceptación de la Universidad de Montemorelos para que yo estudiara la carrera de Teología. Cuando leí eso, me puse muy contento porque para mí era una respuesta a mi incertidumbre, pero cuando mi mamá escuchó lo que decía la carta quedó muy sorprendida.

Me la quitó para leer por ella misma y entonces me contó lo que había hecho unos meses atrás…“Pero yo la hice para Medicina, no para Teología”, me dijo preocupada. Ese mismo día, mi mamá llamó a quien había dejado la solicitud para preguntarle qué había pasado y le dijo que ella había cambiado la carrera, pero que si queríamos podía hacer el cambio a Medicina. En ese momento, le dije a mi madre: “No, déjalo así, eso es lo que voy a estudiar. Esta es la respuesta de Dios a mi incertidumbre, yo he estado orando y esta es su respuesta”.

Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.
Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.

Cuando mi padre se enteró, me dijo que él me había dicho que me apoyaría si estudiaba Medicina, pero que si elegía Teología no contaría con su apoyo y me dio un ultimátum: “Te doy tres días para que lo pienses bien”. Pasado ese tiempo, nos reunimos y me preguntó por mi decisión, a lo que le respondí: “Voy a estudiar Teología, si me apoyas bien y, si no, no hay problema. Yo voy a seguir adelante”. Mi papá no estaba de acuerdo, pero me dijo que si esa era mi decisión, siguiera adelante.

Gracias a Dios pude venir a estudiar Teología, me fue muy bien. Cuando me gradué de la licenciatura, mi hermano recordó aquel sueño que había tenido cuando yo apenas iniciaba la secundaria, pero lo veíamos muy lejano. Para ese tiempo, mi papá se había metido a la política y no quería nada con la iglesia. En 1991, fui ordenado como ministro; mi familia fue a la ceremonia de ordenación y, nuevamente, mi hermano recordó aquel sueño que había tenido cuando éramos pequeños y que -hasta entonces- no creía que se pudiera hacer realidad. Siempre que intentábamos hablar de algún tema relacionado con Dios, mi papá se negaba y buscaba excusas para dejar de hablar de eso.

Así pasaron los años, tuve responsabilidades en algunas iglesias y, después de un tiempo, vine a vivir a Montemorelos, donde tengo 13 años. Ya estando aquí, hace aproximadamente seis años, mi madre tuvo un infarto; y dado que tanto ella como mi papá eran mayores y no podían estar solos, los trajimos a vivir a nuestra casa. Cuando mi mamá se recuperó del infarto, mi papá estuvo un tiempo aquí pero luego insistió en que quería regresar a su casa en Veracruz. Después de algunos meses, se cayó estando solo y le decíamos cuánto nos preocupaba su salud, por lo que finalmente aceptó regresar a vivir con nosotros. A partir de ahí, nos acompañó varias veces a la iglesia y, aunque de pronto se dormía en el culto o se ponía sus lentes oscuros, a la hora de los alimentos era él quien nos pedía que oráramos. Así fue como, poco a poco, pudimos comenzar a tener pláticas con él sobre Dios.

Para una semana de oración en la institución, vino como orador el Ptr. Guillermo Biaggi y le conté toda la historia, le dije que teníamos que hablar con mi padre para ayudarlo a tomar una decisión respecto a su bautismo; el pastor accedió a acompañarme, pero cuando hablamos con mi papá, él solo sonrió y nos dijo: “Más adelantito, más adelantito”, a lo que yo cuestioné: “Papá ¿qué te detiene? ¡Entrégale tu corazón al Señor!”, pero él solo volvió a decir: “Más adelantito, yo les aviso”. Cuando salimos de la casa, le dije al Ptr. Biaggi: “Mi padre ya no se bautizó y aquel sueño jamás se va a cumplir”, pero Dios tenía todo preparado y, tres semanas después, mi papá me llamó a su recámara y me dijo lo que mi corazón tanto esperaba: “Juan, ahora sí me quiero bautizar, ¿me bautizas?”.

Foto de Facebook.
Foto de Facebook.

Hablé con los pastores de la iglesia universitaria, ya que a mí me tocaba predicar un sábado, entonces ese día prediqué y pude bautizar a mi padre; dos meses después él falleció, pero se cumplió aquel sueño. Creo fielmente que estoy en el ministerio por voluntad de Dios, un llamado que Dios me hizo; así que disfruto el ministerio, salir a visitar a los hermanos y orar por ellos, predicar, visitar a las iglesias, eso es realmente mi vida. Aquí desempeño otras funciones que también tienen que ver con esto porque estamos en la formación de jóvenes ministeriales.

Hoy tengo 13 años siendo docente pero, a lo largo de 36 años de servicio, he podido involucrarme con la enseñanza de niños y jóvenes desde las clases de Biblia, en los clubes y en las divisiones infantiles. Me gusta ver la disposición de los jóvenes al escuchar y ser instruidos, su alegría y limpieza de corazón, así como también poder atenderlos de manera particular, y tratar de ayudarles en sus compromisos financieros y educativos. Además, trato de hablar a mis alumnos desde lo más profundo de mi corazón y busco enfrentarlos con los requerimientos reales del ministerio pastoral.

A lo largo de mi carrera he podido desempeñarme en algunos cargos administrativos que nunca imaginé, tratando siempre de hacer lo mejor porque tengo la seguridad de que sigo la voluntad de Dios; incluso cuando no me siento capacitado para hacerlo.

Tomada por Pulso UM.
Tomada por Pulso UM.

Algo que ha marcado mi paso por la Facultad de Teología es aprender la importancia de escuchar a los jóvenes más allá de sus palabras; saber identificar sus miradas, sus rostros, su caminar y sus calificaciones, ver cómo Dios puede hacer maravillas y utilizar poderosamente a todo aquel que es sensible a su dirección y a su corrección, y mirar los milagros hechos realidad en todos los sentidos: financiera, espiritual y profesionalmente.

No sólo estudié Teología en la Universidad de Montemorelos, también tuve el privilegio de hacer un doctorado en Ministerio Pastoral en Andrews University. Mi familia la integran mi esposa Nancy y nuestros tres hijos: Juan José Jr., Nancy Arly y Samuel Alejandro.

¿Sientes que Dios te está llamando al ministerio pastoral? ¡Te espero en la Facultad de Teología! Da click aquí para conocer más información sobre la carrera.

Juan José Andrade

Autor
Director del Centro White y de la Facultad de Teología en la Universidad de Montemorelos.
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