En diciembre de 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la designación del 5 de septiembre como el Día Internacional de la Beneficencia, con el fin de reconocer los esfuerzos de las organizaciones de beneficencia y particulares, así como conmemorar el aniversario del fallecimiento de la Madre Teresa de Calcuta, quien recibió el Premio Nobel de la Paz en 1979 por su trabajo en la lucha contra la pobreza y la angustia.

Las Naciones Unidas, a través de su Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible aprobada en septiembre de 2015, reconocen que la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluida la pobreza extrema, es el mayor desafío mundial y un requisito indispensable para el desarrollo sostenible. Esta Agenda, también busca generar un espíritu de solidaridad global reforzada, centrado en particular en las necesidades de los más pobres y vulnerables; reconociendo el papel de los diversos sectores privados, que van desde las microempresas a las multinacionales, y también a las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones filantrópicas, que de igual forma pueden ayudar mucho a este propósito.

La beneficencia puede contribuir a la promoción del diálogo, la solidaridad y la comprensión mutua entre las personas. También puede aliviar los peores efectos de las crisis humanitarias, complementar los servicios públicos de atención de la salud, la educación, la vivienda y la protección de la infancia. Ayuda a promover la cultura, la ciencia, el deporte y la protección del patrimonio cultural y natural y, además, concientiza sobre los derechos de los marginados y desfavorecidos.

Como cristianos, estamos llamados a ser representantes de Cristo en esta tierra, siguiendo el ejemplo que nos dejó -durante poco más de tres años de ministerio- al buscar suplir las diferentes necesidades de la gente con la que se relacionaba. Y como buenos ciudadanos, también debemos contribuir a nuestra sociedad, buscando la forma de ayudar a los menos favorecidos.


...Es cierto que, algunas veces, podríamos pensar que no tenemos lo “suficiente” como para ayudar a alguien más, pero si prestamos un poco más de atención a las bendiciones que Dios nos da cada día, nos daremos cuenta de lo afortunados que somos al tener salud, un trabajo, una casa donde podemos descansar cada noche y comida en nuestra mesa todos los días. Por lo tanto, si estamos agradecidos y queremos comenzar a “ayudar” de alguna manera, basta con que prestemos más atención a lo que sucede a nuestro alrededor y pronto nos daremos cuenta de las diversas oportunidades que tenemos para hacerlo.

Desde compartir una comida (o varias) con alguien que no tiene asegurado su alimento del día, comprar o regalar ropa en buen estado -y/o productos de higiene personal- a quien nos damos cuenta que lo necesita, abastecer con medicamentos a personas que sabemos que atraviesan por enfermedades crónicas o complicadas que pueden estar agotando sus recursos, entre muchas otras acciones… No se trata de hacer mucho, sino de que cada quien contribuya con lo que pueda. Si cada uno ponemos un poquito de nuestra parte, el esfuerzo conjunto será de gran bendición para las personas que tienen grandes necesidades.


“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mateo 25:35-40



Referencias:

https://www.un.org/es/observances/charity-day

https://undocs.org/es/A/RES/67/105

https://www.biblegateway.com/