¿Cómo tener esperanza en un mundo difícil?
Frente al dolor, la injusticia y la incertidumbre, Apocalipsis 6 presenta a Cristo como una esperanza que va más allá de las circunstancias.
Muchas veces he considerado que soy una persona práctica. Me cuesta romantizar las situaciones y también celebrar los logros, sean grandes o pequeños.
Me cuesta porque todo escenario que pueda considerarse positivo, al menos en este mundo, es circunstancial. Estoy consciente de que esta no es la mejor manera de vivir, pero ¿cuál es la alternativa?
La apertura de los sellos en Apocalipsis 6 presenta realidades que han acompañado constantemente la historia humana: guerras, muerte, enfermedad, injusticia y desesperación. Ante ese panorama, es inevitable preguntarnos, ¿qué puede ofrecernos realmente este mundo?
Resulta difícil vivir con verdadera esperanza si dejamos a Cristo fuera de la ecuación. Pero cuando Él ocupa el centro, comprendemos que todo lo que este mundo ofrece —sea bueno o malo— es temporal. Entonces descubrimos que existe la esperanza de un mundo sin dolor, sufrimiento, muerte ni injusticia. Por eso vale la pena seguir adelante, no solo por nosotros, sino también por quienes necesitan conocer esa esperanza.
Viene a mi mente la letra del himno cristiano No puede el mundo ser mí hogar. Basta detenerse unos minutos para escuchar las noticias o leer acerca de algún problema social para preguntarnos, ¿cómo puede resolverse todo esto?
El pecado ha dañado profundamente nuestra manera de pensar. Tanto quienes provocan los problemas como quienes intentan resolverlos podemos quedar atrapados en un círculo vicioso, porque muchas veces no conseguimos ponernos de acuerdo.
Sin embargo, Apocalipsis no presenta una historia abandonada al caos. Antes de la apertura de los sellos, Cristo aparece como el Cordero digno de abrir el libro. Él conoce el dolor de la humanidad y conduce la historia hacia su desenlace.
Cristo es la única solución verdadera. Por medio de su sacrificio, la vida cobra sentido y encontramos motivos para continuar, luchar y hacer mejor las cosas. Su evangelio nos coloca a todos en un mismo nivel, como hermanos; nos hace humildes y sensibles ante las necesidades de los demás. En Él encontramos una relación coherente entre la lucha que enfrentamos en este mundo, el servicio que podemos ofrecer hoy y la esperanza de la vida eterna.
La visión comienza con un caballo blanco y un jinete que sale “venciendo y para vencer”. En medio de las imágenes de conflicto y sufrimiento que aparecen después, esa escena recuerda que el mal no tendrá la última palabra.
No se trata de vivir con amargura ni de ignorar las cosas buenas que todavía podemos experimentar. Se trata de reconocer que nuestra esperanza definitiva no se encuentra en este mundo, sino en Cristo. Mientras esperamos su regreso, podemos compartir su amor y llevar esperanza a quienes sufren.
Y sí, quisiera que Cristo volviera hoy, porque Él hará nuevas todas las cosas.
“Miré, y vi un caballo blanco. El que lo montaba tenía un arco y le fue dada una corona, y salió venciendo y para vencer” (Apocalipsis 6:2).






