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Universidad de Montemorelos forma consejeros familiares en Cuba

La Maestría en Consejería Familiar, impartida junto con el SETAC, prepara a pastores y profesionales para atender crisis y violencia intrafamiliar.

Las clases presenciales de la Maestría en Consejería Familiar permiten a los estudiantes profundizar en temas como intervención en crisis, violencia intrafamiliar y salud mental. Fotografía cortesía por Lucio Olmedo.
Las clases presenciales de la Maestría en Consejería Familiar permiten a los estudiantes profundizar en temas como intervención en crisis, violencia intrafamiliar y salud mental. Fotografía cortesía por Lucio Olmedo.

Para asistir a sus clases, Iván Moya recorre cerca de 17 horas desde la región oriental de Cuba hasta la sede donde se imparte la maestría. Yamil Oses, pastor en la provincia de Villa Clara, suele realizar un trayecto de cuatro horas y media hasta La Habana; este año, debido a las dificultades de transporte, necesitó viajar nueve horas en tren.

Esos recorridos muestran parte del esfuerzo que sostiene la Maestría en Consejería Familiar que la Universidad de Montemorelos (UM) ofrece en Cuba mediante un convenio con el Seminario Teológico Adventista de Cuba (SETAC). El programa, dirigido principalmente a pastores y abierto también a profesionales de la educación y la psicología, se encuentra en la etapa final de su segunda cohorte.

Los nueve estudiantes que continúan en el programa comenzaron sus estudios en 2023. Durante el verano de 2026 cursan las últimas asignaturas presenciales. Después deberán concluir su artículo científico y enviarlo a una revista indexada, requisito académico para obtener el grado. Si el proceso avanza conforme a lo previsto, la ceremonia de graduación se celebrará en mayo de 2027.

“Son pocas las personas que llegan con dudas doctrinales o teológicas; la mayoría busca ayuda por problemas entre padres e hijos, matrimonios y otras situaciones familiares”, explicó Moya. Para él, esa realidad del ministerio pastoral fue la principal motivación para continuar preparándose, a pesar de las dificultades económicas y de traslado.

Formación presencial ante las limitaciones tecnológicas

Cada verano, docentes de la UM viajan a Cuba para impartir un periodo intensivo de clases de cuatro a seis semanas. Los profesores se relevan conforme concluyen las asignaturas que tienen a su cargo, cada una de las cuales se desarrolla durante aproximadamente una semana o una semana y media.

Docentes de la Facultad de Psicología de la Universidad de Montemorelos imparten clases presenciales en Cuba como parte de la Maestría en Consejería Familiar, adaptando los contenidos a las necesidades del contexto cubano. Fotografía cortesía por Lucio Olmedo.
Docentes de la Facultad de Psicología de la Universidad de Montemorelos imparten clases presenciales en Cuba como parte de la Maestría en Consejería Familiar, adaptando los contenidos a las necesidades del contexto cubano. Fotografía cortesía por Lucio Olmedo.

El Dr. Lucio Olmedo, coordinador de Posgrado de la Facultad de Psicología, explicó que este modelo responde, en buena medida, a las condiciones de conectividad y suministro eléctrico en Cuba. Aunque el seminario dispone de paneles solares y una antena de internet, la infraestructura permite realizar principalmente procesos académicos básicos, como inscribirse y entregar tareas, pero no sostiene de manera regular las clases por videoconferencia.

El plan de estudios incluye contenidos como Fundamentos Psicológicos de las Emergencias, Atención a Crisis Circunstanciales, Sexualidad en el Ciclo Vital, Violencia Intrafamiliar, intervención en crisis y formación en investigación.

Para Yamil Oses, estos conocimientos ya han producido cambios concretos en su labor pastoral.

“La formación me ha permitido replantear mi propia cosmovisión y, al mismo tiempo, ayudar a transformar la perspectiva de muchas de las congregaciones a las que sirvo como pastor”.

Oses señaló que la asignatura de Violencia Intrafamiliar le permitió reconocer la necesidad de llevar estos contenidos a las iglesias y familias con las que trabaja. La formación en intervención en crisis, añadió, también modificó la manera en que acompaña a las personas durante situaciones difíciles, al ayudarlo a actuar con mayor sensibilidad y estrategia.

Una enseñanza adaptada a la realidad cubana

Además de preparar a los estudiantes, la experiencia ha representado un desafío formativo para los profesores de la UM. El Dr. Marcelo Moroni, director de la Facultad de Psicología, destacó que enseñar en otro contexto exige revisar los ejemplos, las actividades y los métodos empleados en el aula.

“Ese esfuerzo por transmitir los conceptos de cada materia respetando la cultura del lugar al que llegamos es sumamente valioso”, señaló. “Para quienes trabajamos en el área de la salud mental, comprender que las circunstancias familiares y los problemas de salud mental varían de una región a otra enriquece enormemente nuestra práctica profesional”.

De esta manera, el programa busca formar profesionales capaces de atender las necesidades emocionales y familiares tanto de las congregaciones adventistas como de las comunidades donde desempeñan su ministerio.

“Colaborar en la formación de profesionales que atenderán las necesidades de la Iglesia y de la comunidad representa una parte fundamental de nuestro compromiso misionero”, explicó Moroni.

Solidaridad que acompaña la formación académica

La dimensión misionera del proyecto trasciende la formación académica. Durante sus visitas a Cuba, los docentes llevan ropa, medicamentos, artículos de higiene personal y, cuando es posible, alimentos no perecederos para apoyar a estudiantes, familias y miembros de la comunidad vinculada con el seminario.

Para Oses, este acompañamiento ha sido tan significativo como las clases.

“La solidaridad de los docentes también ha sido evidente en los momentos difíciles que atraviesa nuestro país. Ese gesto demuestra su compromiso con nosotros, no solo como estudiantes, sino también como personas”.

Durante las jornadas académicas, docentes y estudiantes abordan herramientas para la atención de crisis circunstanciales, violencia intrafamiliar y otras situaciones que afectan a las familias. Fotografía cortesía por Lucio Olmedo.
Durante las jornadas académicas, docentes y estudiantes abordan herramientas para la atención de crisis circunstanciales, violencia intrafamiliar y otras situaciones que afectan a las familias. Fotografía cortesía por Lucio Olmedo.

Moya coincidió en que, dadas las condiciones económicas del país, difícilmente habría podido acceder a un programa semejante sin el respaldo de la UM.

“Valoramos el compromiso que la universidad ha tenido con nuestro grupo y el interés por apoyarnos en nuestra formación”.

Un proyecto con impacto más allá del aula

La colaboración académica entre la UM y el SETAC ha permitido desarrollar dos cohortes. La primera comenzó antes de la pandemia y concluyó en 2023, tras las alteraciones ocasionadas por la emergencia sanitaria; tres estudiantes obtuvieron el grado. La segunda inició con alrededor de 17 participantes y actualmente cuenta con nueve estudiantes en la etapa final de su formación. La emigración ha sido uno de los factores que ha afectado la permanencia en el programa.

Mientras la UM, el SETAC y la Iglesia Adventista en Cuba evalúan la posible apertura de una tercera cohorte, los nueve estudiantes que permanecen en el programa se concentran en concluir su formación.

En esta etapa final, Moya vincula el esfuerzo realizado con la vocación de servicio que motivó su preparación: “Esperamos que todo este esfuerzo dé fruto y, sobre todo, servir a Dios dondequiera que Él nos llame”.

Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.      

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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