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Una Voz empieza con tu testimonio

No hay testimonio pequeño. Lo que una ciudad recordó de Dios 40 años después, nos enseña por qué tu experiencia, unida a muchas, se vuelve una sola voz.

Fotografía por: Universidad de Montemorelos.
Fotografía por: Universidad de Montemorelos.

¿Cuántas veces hemos escuchado un discurso verdaderamente impactante? ¿O un sermón que realmente nos haya llevado a la acción? Por otro lado, ¿cuántas veces hemos escuchado el testimonio de la persona que vivió una experiencia y nos hemos sentido inspirados a actuar?

En Josué 2, Josúe envía a dos espías a reconocer la tierra de Jericó, la primera ciudad que el pueblo de Israel habría de conquistar. Dos cosas llaman mi atención en este relato:

  1. Rahab, la ramera -así la llama la Biblia- , estaba muy bien enterada, como toda la ciudad, de las obras del Dios de Israel. Hechos ocurridos cuarenta años atrás, seguían vivos en la memoria de Jericó. Si el testimonio de la mujer más señalada de Jericó contó, el tuyo también. 
  2. Antes de que el pueblo de Israel enfrentara su primer desafío, la conquista de Jericó ya la había resuelto Dios. 

Muchas veces minimizamos nuestro testimonio; escondemos o incluso desechamos nuestra experiencia con Dios porque nos preguntamos: “¿A quién le interesaría mi experiencia?”. ¡Cuidado! Nuestra mente no alcanza a comprender la influencia que puede tener nuestro testimonio, especialmente si lo compartimos con el poder del Espíritu Santo.

¡No hay testimonio pequeño!

Recuerdo que una vez le hice esta pregunta a una persona:

-¿En dónde basas tu fe?

La respuesta que obtuve fue:

-Desde pequeña he sentido cómo Dios ha guiado cada etapa de mi vida.

Parece sencillo, ¿no? Pues ese ha sido uno de los testimonios que más han influido en mi vida.

Y el segundo detalle conecta con el primero, así como el testimonio de las obras de Dios llegó a Jericó mucho antes que Israel, Dios ya había ido delante de su pueblo. Antes de la primera batalla, la victoria ya estaba resuelta. 

Este relato nos invita a depositar toda nuestra ansiedad, nuestras preocupaciones y nuestros anhelos en las manos de Dios. ¿Qué nos hace pensar que nosotros podemos planear o visualizar mejor las cosas que vienen? El apóstol Pedro nos invita: “Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Confiemos en Dios. Él nos dirigirá siempre por el mejor camino.

“Sé que Jehová os ha dado esta tierra, porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los habitantes del país ya han temblado por vuestra causa” (Josué 2:9).

Eso dijo una sola mujer, contando lo que Dios había hecho. Imagina lo que pasa cuando muchos, a una voz, contamos que Jesús hace nuevas todas las cosas.

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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