El valor de mantener nuestras convicciones
La verdadera libertad se encuentra en vivir de acuerdo a nuestros principios, aún cuando el mundo esté en desacuerdo.
Tener convicciones y vivir de acuerdo a ellas es la libertad más grande que podemos tener en este mundo, y la llamamos libertad de conciencia. Ante todo, hay que proteger el libre albedrío, es una libertad divina.
Las convicciones de una persona no se construyen de un día para otro, inclusive, las convicciones que llegan a formar parte de la vida de una persona pueden o no haberse construido de una manera consciente. Claro que lo ideal es que nuestra cosmovisión, la manera en la que vemos al mundo y actuamos, sea el resultado del estudio y reflexión, pero tristemente este no es el caso para muchas personas. Las convicciones son las que nos hacen actuar de la manera que actuamos y si no las construimos a propósito, nos las impondrá el ambiente en el que nos desenvolvemos.
Algo curioso acerca de las convicciones, principalmente si las hemos adquirido de manera pensante, es que no necesariamente van a ser compartidas por todos los que nos rodean, inclusive pueden no ser del agrado de personas de nuestro mismo círculo social, familiares y personas de nuestra misma fe. Las convicciones son el reflejo de nuestros más íntimos pensamientos y pueden ser mal entendidas por nuestros más allegados. Por esta razón, principalmente, la libertad de conciencia debe ser protegida a toda costa.
El apóstol Pablo es un gran ejemplo de esto (Hechos: 21). Pablo había construido una relación con Dios que no dejaba nada a la suerte. Había tenido muchos triunfos, pero también aflicciones, había tenido libertad y también había sido encarcelado, lo habían recibido con gozo casi en la misma medida que lo habían echado de lugares, había llegado a acuerdos y también tenido desacuerdos. Todas estas experiencias tenían algo en común: las había pasado en constante comunicación y confianza en su Señor Jesús.
Desde el día de su conversión, Pablo tuvo claro que su vida estaría dedicada al servicio de Cristo y su misión. Sabía que había sido llamado a una misión especial que sobrepasaba límites culturales, raciales, tradicionales, etc. Tuvo diferencias con algunos de sus colegas y discutieron acerca de cómo y dónde cumplir la misión, pero la misión de Pablo, jamás estuvo en tela de juicio. Él había sido llamado a la predicación del evangelio, a ser discípulo de Cristo, a testificar más allá de las fronteras del judaísmo. Había sido llamado a llevar esperanza a los gentiles.
Finalmente, a pesar de su constancia y su obediencia a Dios, el haber tenido sus convicciones claras y ser coherente con ellas lo llevó a ser acusado, maltratado y calumniado por los suyos. Los que lo querían le rogaban no ir a Jerusalén porque sabían cómo resultaría todo, pero su convicción no estaba sujeta al consentimiento de nadie, sus convicciones se construyeron tan firmemente en Cristo que ningún obstáculo impediría desviarse de ellas. Incluso, la muerte. ¿Dónde están fundamentadas tus convicciones? ¿Es Cristo el fundamento de tu cosmovisión? Te invito a reflexionar en estas respuestas.
Editora: Brenda Cerón.






