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Un docente que contribuye en la educación y al avance de la predicación del evangelio

Jaime Bejarano Loo, un misionero que trabaja como coordinador de las carreras de pregrado en la Facultad de Educación y director de la Escuela Normal “Profa. Carmen A. de Rodríguez”, en la Universidad de Montemorelos.

Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.<br>
Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.

El pizarrón y los mesabancos, la mochila con libros, cuadernos, lápices, plumas y colores… el juego y la convivencia con los amigos, eran tan atrayentes que desde los dos años llegué a la escuela y… ¡me quedé!

Soy el mayor de los primos de la familia Loo y con una influencia de médicos y enfermeras, de seguro sería un doctor graduado de la Universidad de Montemorelos. Todo indicaba que así sería por la facilidad con que aprendía las ciencias, sobre todo las relacionadas con el cuerpo humano, pero, al descubrir lo que era la Normal, la docencia me atrajo como un imán.

En la escuela secundaria tenía bien definido que quería ser médico, pero por ahí del mes de mayo de 1980, en junta familiar me presentaron dos opciones: tres años de preparatoria y luego la carrera o cuatro años de Normal y ya ser un docente. Decidí explorar lo que era la Normal y definitivamente la docencia me atrapó. Fue como un choque placentero de emociones que me hizo recordar los juegos de mi niñez cuando nos juntábamos entre primos y vecinos a jugar a la escuelita en el patio de la casa, y definitivamente yo era el maestro ¡me encantaba revisar trabajos y poner “dieces”!

Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.
Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.

“La educación es tan amplia y profunda que no bastará la eternidad para concluirla. En nuestro mundo, la educación es el proceso por el cual se redime un alma y continúa por la eternidad, hasta crecer a la estatura de Cristo” Jaime Bejarano Loo.

Al ser entrevistado para trabajar como maestro de Español para una escuela internacional, “The American School of Tampico”, donde el 90% se enseñaba en inglés, fue como descubrir un mundo muy similar a la Universidad de Montemorelos. Un ambiente de altos valores, multicultural, donde se publicaba un anuario cada año, con una banda musical, clases de instrumentos y sobre todo con un excelente nivel académico, tecnológico y de infraestructura; se cuidaba el aspecto físico, mental y… ¡claro que faltaba lo espiritual!, para ser considerada como un modelo de institución adventista. Ahí pasé 20 años ejerciendo la docencia y la administración, antes de ser llamado para venir a Montemorelos.

Hasta hoy tengo 41 años de servicio en esta gran labor. He trabajado en una escuela particular como docente, luego como director de preescolar, primaria, secundaria, preparatoria y licenciatura ante la Secretaría de Educación, y además de supervisar las actividades educativas y administrativas, coordiné un comité de seguridad, vialidad y emergencias, recibiendo un entrenamiento profesional en Miami, Florida.

Lo que más me gusta es despertar en los futuros docentes la creatividad en las secuencias didácticas, equiparlos de herramientas y estrategias que puedan ajustar a la forma de aprender de sus alumnos y definitivamente mi mayor desafío con la juventud es hacer que descubran su vocación docente, que sigan el llamado a la enseñanza donde se tienen grandes satisfacciones para la eternidad.

La Escuela Normal es la formadora de docentes, es la institución que despierta la creatividad y equipa a un buen docente con excelentes herramientas didácticas. Lo que he aprendido durante estos años de docencia es confirmar mi vocación docente. No concibo otro trabajo fuera de una institución educativa, el servir en la formación de futuros docentes misioneros y contribuir en la educación como uno de los brazos importantes para el avance de la predicación del evangelio.

Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.
Fotografía tomada por: Ingrid Betsabé Gallardo.

Como Adventista del Séptimo Día, también he podido desarrollar mi pasión por enseñar e influir en otras personas. En la Iglesia Central de Cd. Madero, Tamaulipas, además de ser diácono ordenado, mi esposa y yo hemos sido directores de Escuela Sabática, de Sociedad de Jóvenes, miembros del Grupo Coral Eluzai y fuimos parte de los fundadores del Club 1844, donde hemos servido como consejeros, directores e instructores de Aventureros, Conquistadores y Guías Mayores en un periodo aproximado de 20 años.

Nací en San Fernando Tamaulipas, México. Estudié para Profesor de Educación Primaria en la Escuela Normal Montemorelos, de agosto de 1980 a junio de 1984; obtuve una licenciatura en Pedagogía con especialidad en Administración Educativa en el Instituto de Ciencias y Estudios Superiores de Tamaulipas, en Tampico, Tamaulipas; y terminé una Maestría en Educación por la Universidad de Framingham State, Massachusetts, Estados Unidos. Estoy casado con la Mtra. Araceli Santos López, y tenemos dos hijos, Jaime Zabdiel y Eduardo Abimael.

Jaime Bejarano

Autor
Coordinador de la Lic. en Educación Primaria y Preescolar en la Facultad de Educación de la Universidad de Montemorelos.
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