Ahí se encontraban, un grupo de 3 niños y una joven, sosteniendo una canasta de despensa y una ensalada de frutas, frente a la puerta de una casa que hace sólo unas semanas atrás, había estado llena de cenizas, con las ventanas rotas, y con colchones y ropa quemada, tras haber sufrido un incendio provocado por un corto circuito.

Rossemery Brañes, egresada de la Maestría en Sistemas Computacionales por la Universidad de Montemorelos, dedica gran parte de la semana a atender a niños que, por falta de acceso a las nuevas tecnologías, llegan a su casa para poder acceder a internet y realizar sus tareas. Asimismo, Rossemery invita a los niños, bajo el permiso de sus padres, a ver algunas películas de la Biblia y a participar de actividades infantiles realizadas por la Iglesia.

Siendo alrededor de las 3:20 de la tarde, el día 10 de febrero, Rossemery se encontraba atendiendo a los niños en la actividad de la “Escuelita Bíblica de Vacaciones”, celebrada en estas fechas en su país de origen: Perú. De repente se escuchó: “¡Rossemery, algo se está incendiando!”, era la pequeña Rebeca que miraba a través de la ventana cómo la casa de alado se encontraba envuelta en humo, mientras vecinos apresuradamente comenzaban a acercarse con cubetas en la mano para intentar apagar las llamas.

Hogar de la familia la familia Torres Badillo luego de que se controlaran las llamas.

“Detuve todo lo que estaba haciendo, lo primero que hice fue llamar al 911, pero a la vez, intentaba retener a los niños para que no salieran de la casa”, comentó la joven Brañes.

Dentro de la casa en llamas se encontraba la pequeña Lizbeth de 3 años, que, asustada por el fuego, se acurrucaba en una esquina mientras soltaba en llanto; asimismo, en la recámara estaba su abuela María Badillo, que incapaz de salir debido a la amputación de su pierna, gritaba por ayuda junto con Alicia Torres, familiar suya de la tercera edad que es incapaz de salir de cama.

Después de unas horas, ya todo se había controlado; los bomberos habían acudido a la ayuda y los vecinos habían logrado sacar a las tres personas que se encontraban dentro de la casa. Leticia Torres, madre de Lizbeth, siendo la única que proporciona sostén económico en ese hogar, había regresado de su trabajo tras recibir la llamada de emergencia por lo sucedido en casa.

Durante las siguientes semanas, Rossemery y los demás vecinos colaboraron con ropa y víveres para ayudar a la familia que había sufrido pérdidas materiales.

Fue entonces cuando llegó la celebración del Global Youth Day durante la semana del 14 al 20 de marzo; “a través del Ministerio Juvenil Doulos se estaba lanzando retos de servicio a la comunidad, entonces pensé que podríamos alcanzar a esta familia, pero no sólo dándoles algo material, sino algo más, como una oración” declaró Rossemery.

En esta ocasión, Brañes quería involucrar a los niños que normalmente asisten a su casa, pues ella declara que “desde pequeños es importante enseñarles que ellos deben servir al prójimo”, además agregó “uno nunca sabe cómo un niño puede tocar el corazón de alguien que necesita de Jesús”.

“Venimos con la hermana y comimos naranjas, luego ella nos comentó que había niños que no tenían nada para comer, así que fuimos a su casa y les dimos ensalada de frutas”, comentó Brayan Ruiz, uno de los niños asistentes. Asimismo, sobre el mismo asunto, la pequeña Rebeca comentó: “pusimos una despensa en una canasta, la llevamos a la casa, se las dimos y oramos con ellos”.

Consecuencias del incendio.

Al término de la semana, el día viernes, apunto de recibir el Sábado, tocaron a la puerta de Rossemery, ahí estaba Leticia con la pequeña Rebeca. “Ella me dijo que veía que en mi casa se reunían niños y había un ambiente cristiano y que a ella le gustaría que su hija conociera a Jesús y participara de lo que hacíamos; eso me conmovió y con gusto acepté”.

Al siguiente día se transmitió un programa en la sociedad de jóvenes de la Iglesia Universitaria de Montemorelos, donde Leticia pudo manifestar su gratitud al decir: “estamos agradecidos por toda la ayuda recibida, por las frutas, por la despensa, por la literatura y por los dibujitos que nos han dado”. Al terminar el programa, después de orar junto con los niños y la familia, el pequeño Brayan se acercó a Rossemery para preguntarle quién sería la siguiente familia a la que irían ayudar, acto que la conmovió mucho y compartió su conclusión diciendo: “Cuando tú siembras la semilla de Jesús en la vida de un niño, tarde o temprano va a florecer; Dios verá la forma, la oportunidad y el medio, pues esto marca su vida”

Rossemery continúa atendiendo a los niños, sumándose ahora la pequeña Lizbeth; juntos continuarán ayudando a otras familias, pues manifiesta que “una acción, aunque sea pequeña, si es de corazón, puede causar un gran impacto; la clave es la constancia”.