¿Se murió la radio… o renació más fuerte?
La evolución del medio que se niega a desaparecer y sigue conquistando audiencias.
La materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma, este es el famoso principio de conservación de la masa, y siguiendo esta misma lógica, como docente de la carrera de Comunicación y Medios de la Universidad de Montemorelos, comparto con mis alumnos de la materia de Radio una frase adaptada: “La radio no se crea ni se destruye, solo se transforma”. Con estas palabras, intento ilustrar el fascinante proceso de cambio que ha experimentado este medio a lo largo del tiempo, y a su vez desmintiendo las afirmaciones de muchos al decir que la radio está muriendo.
Hoy que celebramos el Día Mundial de la Radio es un buen momento para hablar un poco sobre esta metamorfósis que está experimentando el medio y cómo se adaptó a las nuevas formas de consumo y tecnología y ha llegado al formato que conocemos como podcasts.
Durante más de 30 años la radio fue el medio de comunicación predominante. En sus inicios representaba la primera forma masiva de comunicación auditiva, conectando a las personas a través de ondas que llevaban información, entretenimiento y cultura a cada rincón del mundo. La radio tuvo tal popularidad que se volvió un elemento común en los hogares. A diferencia de los medios impresos, la radio pudo sobrepasar la barrera de la alfabetización, garantizando el acceso de la información a todos. Es verdad que con la llegada de la televisión y otras nuevas tecnologías este medio fue desplazado, pero no olvidado, ni destruido. De hecho con la llegada de nuevas tecnologías, la radio se supo adaptar. Lo que antes requería una antena y una frecuencia, ahora está a un clic de distancia en nuestros dispositivos móviles, e incluso, con el nuevo formato ágil y accesible del podcast.

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Esta evolución no significa que la radio como la conocemos este por desaparecer. Según la Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos 2024 (ENCCA 2024) el 33% de las personas en México escuchan la radio, y dedican cerca de tres horas diarias a consumirla. Podría decir que es un tiempo considerable tomando en cuenta que una persona pasa entre cuatro y cinco horas frente al celular. Estos números nos indican que hay una población muy grande que sigue siendo un fiel consumidor de este medio. De estos oyentes, el 74% sintoniza frecuencias de FM, mientras que el 11% escucha frecuencias de AM y los contenidos favoritos son los noticiosos, musicales y de deporte. Incluso hay grandes ciudades, como la ciudad de México, donde la radio sumó cerca de 8 millones de oyentes en 2024, alcanzando un total de 129.7 millones de oyentes acumulados en el año, lo que representa un incremento del 6.32% respecto al año anterior.
Ahora si hablamos de los podcast, este se puede considerar como una nueva forma de contenido, pero en realidad es la manifestación moderna de lo que la radio ha hecho por décadas: contar historias, ofrecer análisis, y conectar a las personas a través de la palabra hablada. Lo que ha cambiado es el formato, la distribución y la manera en que el público elige cuándo y cómo consumir ese contenido. Mientras la radio sigue siendo una experiencia más “en vivo”, el podcast otorga la libertad de escuchar lo que queremos, cuando queremos.

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Ambos formatos tienen sus ventajas y desventajas, y no me atrevo a decir que hay uno mejor que otro. Por un lado, el podcast representa una oportunidad para llegar a nuevas audiencias. Este formato flexible y accesible permite compartir nuestros mensajes de una manera que se adapta a los estilos de vida modernos. Por otro lado, la radio tradicional también conserva su poder único de acompañamiento diario, particularmente en comunidades donde la tecnología digital aún no predomina.
Hoy te invito a que como oyente disfrutes y saques provecho del formato que más te guste, y si eres productor te invito a usar lo mejor de ambos mundos, para así llegar a muchas más personas. Además, como cristianos debemos aprovechar las ventajas de un medio en evolución que nos regala nuevas formas de compartir nuestro mensaje de esperanza y llegar a cada rincón del mundo.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






