Salud mental universitaria y acompañamiento integral en la UM
Ansiedad y depresión en estudiantes impulsan redes de apoyo con tutoría, orientación y atención clínica.
Hay días en los que levantarte pesa. No porque no quieras. No porque no tengas metas. Sino porque algo dentro de ti simplemente no responde igual.
Te sientas frente a tus pendientes y no puedes concentrarte. Te acuestas y tu mente no se apaga. O despiertas cansado, como si no hubieras descansado nada. Y entonces aparece la culpa: “Debería poder con esto”, “Otros pueden, ¿por qué yo no?”, “Seguro es flojera”.
Pero no siempre se trata de eso. A veces es ansiedad. A veces es depresión.
En la etapa universitaria, estos estados son más comunes de lo que parece. No siempre se hablan, pero están presentes en quienes no duermen bien, en quienes se sienten constantemente abrumados o en quienes han dejado de disfrutar lo que antes les apasionaba. La ansiedad puede manifestarse como pensamientos constantes, irritabilidad o dificultad para concentrarse. La depresión, en muchos casos, no se expresa como tristeza evidente, sino como vacío, desconexión o cansancio persistente.
Y lo más complejo es que muchas veces pasa desapercibido… incluso para quienes están cerca.
Frente a esta realidad, la Universidad de Montemorelos ha desarrollado un sistema de acompañamiento integral que busca que ningún estudiante tenga que atravesar estos procesos en soledad. Este modelo articula la tutoría, el Centro de Orientación y Asesoría Educacional (COAE), el apoyo clínico a través del Hospital La Carlota y el acompañamiento espiritual dentro de la comunidad universitaria.
Desde el COAE, el enfoque parte de entender al estudiante como un ser integral. “El estudiante sufre de manera emocional, física, espiritual… y muchas veces el estudio se puede sentir muy abrumador”, explica la Mtra. Cindy Álvarez, directora del Centro de Orientación y Asesoría Educacional . A través de entrevistas, evaluaciones y seguimiento profesional, el equipo puede identificar síntomas y diferenciar entre procesos de adaptación y situaciones que requieren atención más especializada. Además, cuando es necesario, se canaliza a otras instancias como atención psicológica o psiquiátrica.
Este acompañamiento no es aislado. “Trabajamos en conjunto con coordinadores, maestros e instructores para que el alumno no sienta que lo está haciendo solo”, añade Álvarez, destacando el trabajo en red que permite dar seguimiento a cada caso . Como parte de este sistema, el COAE impulsa programas enfocados en salud mental, orientación vocacional, atención a barreras de aprendizaje y tutoría.
En este entramado, los tutores desempeñan un papel clave como una presencia cercana en la vida cotidiana del estudiante. La Mtra. Daniela Peña, docente de la Facultad de Educación, señala que una de las formas más efectivas de identificar que un alumno no está bien es a través del acercamiento y la confianza. “Cuando un alumno siente que realmente te importa, suele abrir su corazón con más facilidad” .
Ese acompañamiento va más allá de lo académico. Implica escuchar, orientar y estar presente en momentos difíciles. En palabras del docente Kener Mex, de la Facultad de Ciencias de la Salud, el tutor puede convertirse “en un mentor para la vida, un acompañante y un guía en este proceso universitario”. Los cambios en el rendimiento, en la expresión emocional o en la forma de relacionarse suelen ser señales que alertan sobre un posible malestar.
A veces, el apoyo más significativo es también el más sencillo… una conversación, una escucha atenta o una palabra de ánimo. “Muchas veces lo que el estudiante necesita es sentir que alguien lo ve, lo escucha y se preocupa por él”, comparte la Mtra. Daniela Peña desde su experiencia como tutora.
Más allá de los espacios formales, la comunidad universitaria en su conjunto también cumple una función fundamental. Cuando existe cercanía, empatía y disposición para acompañar, el estudiante entiende que no tiene que enfrentar sus procesos en soledad. Actividades formativas, de convivencia y de vida espiritual también funcionan como factores que ayudan a sostener a los estudiantes en momentos de dificultad.
El impacto de esta red de apoyo puede ser decisivo. Desde la experiencia docente, se ha observado que los estudiantes que reciben acompañamiento tienen mayores probabilidades de adaptarse mejor a su vida universitaria y continuar con su formación. “Saber que no estás solo te da tranquilidad, esperanza y fuerza para seguir adelante”, coinciden quienes acompañan estos procesos.
Reconocer que algo no está bien no es debilidad. Es un paso importante hacia el bienestar.
Si hoy te sientes abrumado, cansado emocionalmente o desconectado, es importante saber que no tienes que atravesarlo solo. Hablar con alguien, acercarte a un tutor o buscar apoyo profesional puede ser el inicio de un proceso de cuidado personal.
Dentro de esta red de acompañamiento, la fe también forma parte del proceso. En la Universidad de Montemorelos, no se entiende el bienestar solo desde lo emocional o académico, sino también desde lo espiritual. Confiar en Dios no significa enfrentar todo en silencio. También implica reconocer cuándo necesitamos ayuda y dar el paso para buscarla. A veces, lo que parece solo una decisión personal —hablar, acercarte, pedir apoyo— es en realidad la forma en la que Dios empieza a obrar en tu vida, muchas veces a través de quienes te rodean.
¡No tienes que hacerlo solo!
Para este artículo la autora usó como referente a la Dra. Lizzette Hernández, médica Psiquiatra en el Hospital La Carlota, y docente en la Facultad de Psicología de la Universidad de Montemorelos.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






