Rechazó estudiar en Estados Unidos y encontró su propósito en la Universidad de Montemorelos
Una crisis personal lo llevó a replantear su futuro, cambiar las Ciencias Políticas por la Teología y a pagar su carrera universitaria mediante el colportaje. Parte 1.
A los 18 años, Rubén Díaz tenía su futuro resuelto en el papel, pero un profundo vacío en la práctica. Aunque nació en Houston, Texas, creció entre diversas ciudades de México. A los 18 años Rubén tenía lista la admisión en la Universidad Adventista del Sur de Collegedale, Tennessee, y la opción de cursar Ciencias Políticas o Administración de Empresas. Tenía acceso a ayudas gubernamentales y a un importante préstamo estudiantil.
Sin embargo, detrás de la planificación académica se escondía una crisis personal. "Normalmente llega esa etapa cuando uno va a tomar la decisión de qué estudiar y hay mucha indecisión. En mi caso había muchas preguntas, sumadas a problemas familiares y personales. Estaba buscando respuestas acerca de quién era yo y si realmente existía un Dios que podía ayudarme", relata Rubén, hoy estudiante del cuarto año de la Facultad de Teología de la Universidad de Montemorelos (UM).
Siendo adventista de cuarta generación —hijo de padre hondureño y madre mexicana—, la fe se había convertido en una rutina pasiva. "Era más como un ritual, algo que debía hacer. Faltaba saber si realmente existía una conexión entre Dios y yo".
La respuesta llegó a través de la lectura del libro El Deseado de Todas las Gentes de la autora Elena G. de White. El impacto de ese texto lo llevó directamente a las Escrituras, donde descubrió a un Dios paciente y compasivo. Aquella experiencia encendió en él la convicción de predicar, impulsándolo a cambiar sus planes radicalmente y matricularse en la UM para estudiar Teología.
El desafío financiero y el quiebre de un prejuicio
Al elegir estudiar en México por arraigo cultural e idioma, Rubén enfrentó una barrera económica inmediata. Sus padres le advirtieron que debido a la situación familiar sólo podían cubrir aproximadamente el 60 % de la matrícula del primer semestre.
A pesar de que su familia tenía tradición en el colportaje, Rubén admite que se resistía a esa actividad. "Al principio dije: 'Voy a estudiar Teología, pero no colporto'". Sin embargo, al llegar a la UM en 2022 —un año después de los momentos más complejos de la pandemia de COVID-19—, se vio en la necesidad de intentarlo para pagar sus estudios.
Su primera campaña lo llevó a la zona de Boston, en Estados Unidos. Enfrentar una cultura que califica como cerrada y distante representó un reto superado a base de fe. "Yo era muy tímido, muy callado. Pero después de la primera experiencia vi cómo Dios actuó y sentí que crecí como persona. Vencí el miedo y mejoré la forma de comunicarme. Después de eso pensé: 'De aquí soy'".
El impacto del colportaje no solo le ha permitido saldar sus estudios universitarios semestre a semestre, sino que transformó su carácter y su vocación ministerial.
Tras sus primeras campañas, fue invitado a desempeñarse como director asociado de colportaje durante dos periodos, descubriendo su vocación para guiar equipos. Además, la venta de literatura le abrió puertas para dar estudios bíblicos directos a personas no cristianas, presenciando eventos singulares como llegar a hogares donde los residentes aseguraban haber soñado con la visita de los colportores.
"El colportaje me ayudó a experimentar a Dios en lo práctico. Me dio contacto personal con la gente y me enseñó que, aunque no era el mejor líder, con la ayuda de Dios podía aprender", reflexiona Rubén, cuyo hermano menor siguió sus pasos y hoy también cursa sus estudios en la UM.
Impacto del Colportaje UM: Verano de bendiciones
El testimonio de Rubén Díaz refleja la experiencia de decenas de alumnos que cada verano hacen del colportaje un medio para sostener sus estudios y fortalecer su vida espiritual. Durante la campaña de verano de 2026, la delegación de la UM reunió a poco más de cuatrocientos alumnos colportores, quienes llevaron un mensaje de esperanza a diversas ciudades de México mediante la distribución de miles de libros y revistas. Sus publicaciones ofrecieron orientación práctica para la vida cotidiana, con contenidos sobre valores, bienestar familiar, nutrición infantil, finanzas, naturaleza y enseñanzas bíblicas, además de historias dirigidas a los niños.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






