Colportoras misioneras: una visita que cambió un destino
Dos colportoras llegaron a la casa de Alexander López con un mensaje de esperanza que lo llevó a cumplir su sueño en la Universidad de Montemorelos.
El colportaje en la Universidad de Montemorelos (UM) es más que una herramienta de autofinanciamiento. Es un ministerio que, bajo la guía de Dios, lleva esperanza, valores y oportunidades a cada hogar que toca. Para Alexander López, estudiante de la Licenciatura en Enseñanza Musical y originario de Teapa, Tabasco, esa misión se convirtió en el punto de partida de un llamado divino.
“Era un día cualquiera. Yo llegué del trabajo a mi casa y me encontré con la sorpresa de que habían dos jovencitas que conversaban con mis padres sobre libros y sobre estudiar en la Universidad de Montemorelos. Mencionaron sus programas, las opciones de financiamiento y, entre todo, la carrera de Música. Yo sentí como si sus palabras estuvieran dirigidas directamente a mí”, contó Alexander emocionado.

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Sembrando esperanza a través del colportaje.
Para él, no fue solo una coincidencia. Aquellas jóvenes no sabían que estaban entrando a un hogar donde las oraciones ya habían sido elevadas. Durante mucho tiempo, Alexander había pedido a Dios claridad sobre dónde estudiar música, un sueño que llevaba en su corazón desde hacía años. “Yo creo que el Espíritu Santo las guió hasta mi casa. Lo que hicieron no fue vender, sino llevar un mensaje, una respuesta a lo que tanto había pedido”, afirmó.
Ximena López, una de las colportoras que visitó a la familia, recuerda ese día con claridad: “Era nuestra última visita y no estábamos seguras de ir porque ya era tarde. Pero sentimos que teníamos que hacerlo, y al final, Dios nos mostró el propósito de esa decisión”.
Esa visita cambió todo. Inspirado por el testimonio y la misión de las colportoras, Alexander no solo decidió estudiar en Montemorelos, sino que también abrazó el colportaje como parte de su vida. “Gracias a ellas, descubrí este ministerio. Ya he colportado en más de cuatro campañas, y puedo decir que es mucho más que vender libros. Es compartir esperanza, escuchar historias y ver cómo Dios obra a través de ti. Es una experiencia que transforma tanto a quienes reciben el mensaje como a quienes lo llevan”.
Para Ximena, el momento clave llegó días después. “Cuando Alexander tomó la decisión de estudiar en Montemorelos, vimos cómo Dios estaba actuando en su vida. A pesar de las dudas iniciales, él confió y comenzó a colportar con fe, logrando en pocas semanas lo que parecía imposible”.
Hoy, como estudiante de segundo semestre de la Licenciatura en Enseñanza Musical en la UM, Alexander reflexiona sobre el impacto de ese día. “Dios tiene todo bajo control. Él usa a las personas correctas en el momento preciso para cumplir sus planes. A esas colportoras, las envió a mi casa para cambiar mi vida”.

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David encontró en el colportaje un tesoro.
Historias como esta son un recordatorio de que el colportaje trasciende lo material. Cada puerta que se toca, cada conversación y cada sonrisa son oportunidades para cumplir una misión mayor: ser un canal de esperanza y un reflejo del amor de Dios.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






