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Nuevo templo adventista para Atongo, Cadereyta

La misión sostenida por familias y egresados encuentra ahora su propio espacio para seguir creciendo.

Culto de inauguración de la Iglesia de Atongo. Fotografía cortesía de la Adventistas del Noreste.
Culto de inauguración de la Iglesia de Atongo. Fotografía cortesía de la Adventistas del Noreste.

La comunidad adventista de Atongo, Cadereyta, Nuevo León, inauguró este sábado una iglesia que, más que una obra finalizada, representa el recorrido de varias historias que comenzaron lejos de cualquier estructura formal. El culto de inauguración estuvo marcado por testimonios que mostraron cómo la misión suele nacer en lo cotidiano... Una consulta médica, una invitación a comer, un estudio bíblico en una sala.

El primer testimonio fue el de Adán Perera, médico egresado de la Universidad de Montemorelos (UM), que llegó a la zona por el servicio social y descubrió que no había un lugar donde congregarse. Aseguró que su formación en la Universidad lo preparó para servir, pero no imaginó que terminaría iniciando un pequeño grupo que, con el tiempo, creció hasta convertirse en la iglesia que hoy se inaugura. Recordó que todo comenzó por el comentario de una paciente, suficiente para abrir un espacio de diálogo espiritual. “Creo que nadie de mi familia se imaginaría que yo abriría obra misionera, pero hoy estamos aquí”, dijo conmovido.

Otro momento significativo fue el testimonio de la familia Rodríguez. Eudoro Rodríguez, acompañado de su esposa, hijos y nietos, relató que la historia de su familia dio un giro inesperado cuando su hija Mayra obtuvo una beca para estudiar Nutrición en la UM. La condición en casa era simple, podía estudiar, pero no hacerse adventista. Sin embargo, durante una semana de evangelismo en el campus, Mayra decidió bautizarse.

Develación de la placa por los administradores de la Adventistas del Noreste. Fotografía cortesía de la Adventistas del Noreste.
Develación de la placa por los administradores de la Adventistas del Noreste. Fotografía cortesía de la Adventistas del Noreste.

Lo que siguió fue un proceso paciente, cercano y sostenido por varias personas de la comunidad UM. El pastor Rubén Arroyo comenzó a visitar su hogar; después se sumaron el Dr. Enrique Loera y su esposa, así como otros familiares. “Persistieron y persistieron”, recordó Rodríguez. Aseguró que ese acompañamiento fue determinante para que la familia completa abrazara la fe.

Entre anécdotas, compartió cómo algunos sábados dudaban en ir a la iglesia por la distancia entre Atongo y Montemorelos. “Decíamos, no, ya es tarde, ya no alcanzamos lugar”. Pero una llamada era suficiente para cambiar los planes: “Hermano Rodríguez, después del culto los invito a mi casa a comer”. Esa hospitalidad, explicó, los mantuvo cerca de la iglesia durante años.

Más adelante, la familia se integró a un pequeño grupo dirigido por un pastor y la familia Perera. Ahí nació el primer sueño, tener un espacio propio para reunirse. Ese deseo tomó forma cuando otro pastor los animó a “soñar en grande”. La construcción del templo inaugurado este sábado es el resultado de ese camino.

El programa incluyó música del Ensamble de Metales de la UM, que acompañó el momento de dedicación. La inauguración de este momento tan significativo para la feligresía de Atongo estuvo centrada en las personas que a lo largo de los años, hicieron posible que la fe se arraigara en esta comunidad.

La historia de esta nueva iglesia, evidencia que la misión no espera a que haya un edificio. La misión empieza cuando alguien decide testificar, observar, escuchar, visitar, estudiar, abrir su casa o acompañar a un vecino. El templo recién inaugurado es la consecuencia natural de vivir la fe, y en ese sentido, lo que se inauguró este sábado no fue solo un edificio, sino la continuidad de una obra que ya llevaba años avanzando sin importar las condiciones. 

Brenda Cerón

Autor
Directora de Comunicación Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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