La Organización Mundial de la Salud (OMS), define la salud mental como “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Cada año, el día 10 de octubre se celebra mundialmente el día de la salud mental y, en esta ocasión, se pone el énfasis en el gran desafío que ha significado para toda la humanidad el padecer la pandemia del COVID-19 y sobrellevar las derivaciones de esta.

Una de las consecuencias más importantes se observa en el deterioro o pérdida de la salud mental. Esto se produce por el temor a enfermar o a morir, a perder el empleo y/o estar afectados financieramente, a no poder sobrellevar las crisis de pareja o de familia o al hecho de experimentar — en esta nueva realidad — una sobre exigencia a tal punto que nos sintamos emocionalmente sobrepasados en nuestra capacidad normal de afrontar el estrés. Por lo tanto, se hace necesario generar estrategias que promuevan y preserven nuestra salud mental, como el poder fortalecer nuestra inteligencia emocional y consumir una buena dosis de “los 8 remedios naturales” que se detallan más adelante.

Daniel Goleman define la inteligencia emocional como la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar (…) a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último — pero no por ello, menos importante — , la capacidad de empatizar y confiar en los demás. Esto significa que debemos tener un conocimiento cabal de quienes somos, de tal manera que nos permita desarrollar conductas de autocontrol al orientar — adecuadamente — nuestros impulsos, al generar y perseverar en objetivos que nos brinden satisfacción de logro y un aporte positivo a la comunidad, y el tener la sensibilidad suficiente para comprender a nuestros semejantes. Por otro lado, un adecuado uso de los ocho remedios naturales, como son: el beber agua pura, el descanso, el ejercicio físico, la luz solar, el aire puro, la nutrición, la temperancia y la esperanza en Dios, son elementos vitales para promover nuestra salud mental.

La esperanza en Dios es un elemento central de lo que llamamos salud espiritual. Korniejczuk et al. (2019) la define como “un estado de bienestar del ser humano en armonía con aquello que considere sagrado o superior a él, consigo mismo, con sus semejantes y con la naturaleza. Implica experimentar un sentido trascendente de la vida y un propósito último de acuerdo con su propio sistema de creencias” (p. 570). Es decir, la salud espiritual está relacionada con tener claro en qué o en quién creemos. Además, es desarrollar el hábito de expresar lo que sentimos, pensamos y hacemos por nuestro Dios, confiando en que en todas circunstancias Él nos protege.

De igual forma, está vinculada con la capacidad de tener una relación positiva con los que nos rodean, teniendo un trato compasivo y conductas de cuidado hacia nuestros semejantes. Incluso, es poder disfrutar de los beneficios que tenemos al recrearnos con la naturaleza. El tercer elemento que abarca la salud espiritual, está relacionado con la capacidad de comprender cuál es nuestro propósito en la vida y poseer un sentido de trascendencia, así como poder identificar los valores que nos rigen y defenderlos sin tener que renunciar a ellos por ninguna situación. Es una cuestión de análisis y autoconocimiento.

La espiritualidad influye grandemente en todos los aspectos de la vida, es parte de nuestra salud integral. Por lo tanto, para desarrollar y fortalecer la salud espiritual, es importante adquirir y practicar hábitos como el de la oración, el estudio de la biblia, el asistir a programas de la iglesia, el poder alentar o consolar y apoyar a nuestros amigos que estén pasando por dificultades, y reconectarnos con Dios a través de la naturaleza que Él creó para nuestro deleite, entre otros.

Sabemos que el COVID-19 desafía la estabilidad mental y emocional de las personas. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que incrementar la salud espiritual es necesario, porque es un factor de protección de nuestra salud mental.