La música adventista transformó su vida y su propósito
Luis encontró en la música un llamado divino para reflejar a Dios y vivir sus valores.
Para Luis Cámara, la música es más que un arte; es un llamado. Originario de Chetumal, Quintana Roo, Luis creció entre los coros dirigidos por su tío y las canciones que su abuelo tocaba en guitarra, lo que originó una pasión que lo llevaría a enfrentarse a decisiones cruciales sobre su futuro como la carrera que estudiaría y dónde lo haría.
Aunque tuvo la oportunidad de estudiar en prestigiosas instituciones públicas como la Universidad Nacional Autónoma de México o el Conservatorio de Las Rosas, sin costo, algo dentro de él le decía que su lugar estaba en una universidad adventista.
“Sabía que en esas instituciones tendría que comprometer mis principios. Las audiciones y conciertos eran en viernes por la noche o sábado en la mañana, y veía compañeros viviendo estilos de vida que no compartía. La música que yo hago es para la iglesia, y no podía imaginarme alejándome de los valores que me formaron”, comparte Luis.
La decisión no fue fácil. Luis enfrentó dudas, presiones familiares y el desafío económico que representaba elegir una universidad privada, especialmente la Universidad de Montemorelos (UM) que se percibía como inalcanzable. Pero su fe lo llevó a ser persistente. Tras orar intensamente, conoció la UM en un evento musical, donde descubrió la posibilidad de obtener una beca que haría su sueño realidad. “Sentí que era la respuesta de Dios. Elegir la UM significaba no solo buscar excelencia académica, sino también fortalecer mi relación con Él”.
Desde su llegada al campus en 2023, Luis ha experimentado lo que significa estudiar en un lugar donde sus talentos encuentran un propósito más elevado. “Aquí no solo aprendemos música; aprendemos a usarla como un instrumento para reflejar el amor de Dios. Participar en coros, tocar en orquestas y contribuir en la iglesia cada sábado me ha mostrado que mi lugar es aquí”.
Pero para llegar a esa firme convicción, Luis primero experimentó pruebas que lo hicieron dudar de haber tomado la decisión correcta al venir a esta universidad. Conjugar el horario de estudio y el trabajo, cumplir con las prácticas de música, las horas de sueño reducidas, y las expectativas familiares, le hicieron sentir que había cometido un error. Pero con el tiempo, esas experiencias le mostraron algo invaluable: “Ahora toco el piano casi todos los sábados en la iglesia, canto con coros y participó en orquestas que me llevan a distintos lugares. Esto me ha mostrado que mi propósito aquí no es solo personal, sino que soy un instrumento para que otros vean a Dios a través de lo que hago”.
Aunque la educación gratuita en una institución pública parecía una opción más sencilla, Luis está convencido de que las experiencias y valores que ha ganado en la UM son incomparables. “Estoy donde Dios quiere que esté, y eso lo cambia todo”, afirma, con la certeza de que su historia puede inspirar a otros jóvenes a confiar en que Dios tiene un plan para cada uno, incluso cuando el camino es difícil.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






