Tradicionalmente, el día 22 de noviembre se conoce como el día de Santa Cecilia, patrona de los músicos. Podría dar más datos acerca de esta mujer y relatar la historia de este día, pero esta vez, quiero aprovechar mejor para describir lo que significa para mí ser músico.

Partimos desde el fundamento de que la música es don de Dios. Al mismo tiempo, Dios dotó a Lucifer, que después llegaría a convertirse en Satanás, como el músico de los músicos celestiales. Cuando Lucifer se rebeló y fue expulsado del cielo, se creó un conflicto cósmico entre el bien y el mal y la música quedó, por deducción, en el centro de este gran conflicto. A medida que este conflicto cósmico está llegando a su desenlace, la adoración -ya sea a Dios o a Satanás- toma gran relevancia y, por consecuencia, la música (alabanza) como uno de los canales de adoración, no se puede mantener imparcial. Apocalipsis 14:6–7 dice: “En medio del cielo vi volar otro ángel que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Decía a gran voz: «¡Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas!»”

Pero, ¿qué es la música? Si buscamos, podemos encontrar muchas definiciones, pero básicamente es la combinación de sonidos en una secuencia armónica, distribuidos en patrones rítmicos. Esto puede ir desde una pequeña melodía escolar, hasta complejas combinaciones. Lo que la hace artística es que la música traduce sentimientos inexpresables verbalmente en sonidos que llegan directo al corazón y a la razón.

Nosotros, como seres humanos, tenemos contacto con la música desde muy temprana edad. Se usa como entretenimiento, como terapia, como recurso pedagógico, como desarrollo de ambos hemisferios del cerebro, etc. Los que tienen la oportunidad de aprender a ejecutar un instrumento, desde una temprana edad, desarrollan habilidades de coordinación, expresión, entre muchas otras. La música crea comunidad, trabajo en equipo y colaboración; también tiene el poder de asociación. ¿Cuántas veces no hemos escuchado alguna melodía e inmediatamente nos transporta a lugares, situaciones o sentimientos que no teníamos presentes? Sí, la música tiene el poder de moldear nuestro carácter y hasta cambiar nuestro humor.

Como músicos, necesitamos la expresión artística para poder interactuar con el mundo, nos hace vulnerables y completa nuestra habilidad de comunicación. Al ser músicos cristianos, muchas veces se nos pide interpretar únicamente música religiosa, ya que nuestros talentos deben ser dedicados a Dios. Pero hay muchas otras manifestaciones musicales que también reflejan amor, patriotismo, compañerismo y descripción de sucesos históricos, que no necesariamente son religiosos y no por eso estamos “mal gastando” nuestro talento en el mundo.

Sí, nuestro talento musical debe estar dedicado a Dios, pero es un error pensar que Dios no admite música que no esté en un contexto religioso. Más bien, se debe entender que la música es un canal de comunicación y -ya sea en un contexto religioso, histórico o social- debe utilizarse de una manera en la que Dios pueda ser exaltado, en cualquier contexto en que la música esté siendo interpretada.

Todos tenemos la oportunidad de gozar de este arte y todos fuimos dotados con por lo menos un instrumento, la voz. Así que cantemos y gocemos de este don celestial que es la música y ¡felicidades a todos los músicos!