La esperanza que permanece frente al sufrimiento
La fe en Cristo sostiene la vida en tiempos difíciles y da sentido a la promesa de salvación de Apocalipsis 7.
“Estos son los que han salido de la gran tribulación; han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7:14).
¡Qué escena presenta Apocalipsis 7! Delante del trono de Dios aparece una multitud tan grande que nadie puede contarla. Sus integrantes proceden de todas las naciones, pueblos, tribus y lenguas, pero están unidos por una misma esperanza: la salvación que recibieron por medio de Jesucristo.
Al contemplar esa multitud surge una pregunta inevitable: ¿cómo puedo formar parte de ella?
1. “Han salido de la gran tribulación”: Seguir a Dios no significa vivir sin dificultades. No hay nadie que esté exento de pruebas, dolor, lágrimas, tribulación… La promesa no consiste en que nunca sufriremos, sino en que la tribulación no tendrá la última palabra.
2. “Han lavado sus ropas”: Cuando leo esta porción me imagino pureza… Dios nos llama a abandonar aquello que nos aparta de Él y a vivir de acuerdo con su voluntad. En un mundo donde cada persona parece establecer su propia definición de lo bueno y lo malo, la Palabra de Dios continúa orientando nuestras decisiones.
Sin embargo, la obediencia no compra nuestra salvación. Es la respuesta de una vida que ha sido alcanzada por la gracia de Cristo.
3. “Han blanqueado sus ropas en la sangre del Cordero”: Parece una contradicción: ¿cómo puede la sangre hacer blanca una vestidura? Pero allí se encuentra el centro del evangelio. Nuestros esfuerzos no pueden borrar el pecado ni presentarnos sin culpa delante de Dios. Solamente el sacrificio de Cristo puede limpiarnos y darnos una vida nueva.
Cuando entiendo estas características, no tengo otro pensamiento más que alabar y honrar el nombre de mi Salvador Jesucristo. Entendiendo esto es que cobra sentido la constante alabanza a Dios. ¿Cómo no alabarlo si por medio de Él es que tengo oportunidad de vida eterna?
Cuando comprendo esto, mi orgullo y mi autosuficiencia pierden sentido. No existe mérito personal que pueda salvarme. La victoria no depende de mis capacidades, sino de lo que Jesús hizo por mí. La humildad comienza cuando dejo de confiar en mí mismo y descanso completamente en Él.
Pero la visión de Apocalipsis 7 no habla solamente de mi salvación. Presenta una multitud de todos los orígenes reunida delante de Dios. El evangelio no pertenece a una cultura, una institución o un grupo determinado. Cristo murió por cada persona, y la misión consiste en compartir esa esperanza con todos.
¿Y qué hacen los redimidos en el cielo?
Los redimidos alaban y sirven a Dios en el cielo. Y eso mismo estamos llamados a hacer desde ahora. Podemos comenzar a vivir hoy como parte de aquella multitud confiando en Cristo, obedeciendo por amor y compartiendo con otros la esperanza que solamente Él puede ofrecer.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






