Todo puede cambiar menos una cosa
La historia de Israel en Egipto revela la única seguridad que permanece cuando desaparecen los privilegios y la estabilidad.
Todo ser humano en esta tierra está sujeto a cambios inesperados. Cada vez es más difícil predecir lo que puede o no suceder y cómo esos cambios, grandes o pequeños, pueden modificar nuestras circunstancias, ya sea para bien o para mal.
La familia de José había llegado a Egipto como invitada de honor. Setenta personas fueron las que llegaron, y se les dieron tierras y comodidades. Por ser familiares de José, en medio de una crisis de alimentos, tuvieron lo necesario y gozaron de privilegios que ni siquiera los egipcios tuvieron. Sin embargo, años después dejaron de ser percibidos como invitados de honor y comenzaron a ser vistos como una amenaza.
Las circunstancias cambiaron nuevamente y, en el mismo lugar donde alguna vez fueron privilegiados, ahora se encontraban en servidumbre, forzados a trabajar para el faraón. No solo eso, también estaban expuestos a edictos como este:
«Entonces el faraón dio a todo su pueblo esta orden: “Echad al río a todo hijo que nazca, y preservad la vida a toda hija”» (Éxodo 1:22).
Esto nos hace reflexionar sobre la fragilidad de la vida en este mundo y nos lleva a plantearnos preguntas como estas:
- ¿En dónde deposito mi seguridad?
- ¿Bajo qué expectativas construyo mi salud física y mental?
- ¿Cuáles son los factores que me hacen sentir realizado?
- ¿Qué es lo que me hace verdaderamente feliz?
En la Biblia encontramos abundante evidencia de que las circunstancias de este mundo no determinan, o por lo menos no deberían determinar, el fundamento sobre el cual construimos nuestra vida.
Es de suma importancia entender que, independientemente de las circunstancias, si así lo permitimos, Dios puede tomar el control de nuestras vidas. Esta verdad produce al menos dos certezas:
- Dios está con nosotros y nos ayuda a sobrellevar las circunstancias adversas.
- Tenemos la seguridad de que, no importa lo que ocurra en esta tierra, Dios nos está guiando hacia la vida eterna junto a Él.
Ya sea en prosperidad o en adversidad, que Dios siempre sea nuestro fundamento y nuestro refugio.
«Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel» (Éxodo 1:12).






