Actualmente, en México la violencia es un grave problema social que atenta contra la salud integral de las personas. Quienes, por lo general, sufren de un grave problema de salud no son los agresores, sino más bien las víctimas, que pueden incluso llegar a tener problemas psicológicos y trastornos de por vida que en ocasiones terminan en suicidio. Si bien, la violencia no es tema novedoso, cuesta creer que, con el tiempo -en lugar de disminuir- este problema vaya en aumento de forma alarmante. Esto nos hace cuestionar la manera en que estamos enfrentando esta situación. Ante esta ola de violencia es necesario tomar acciones para revertirla. Aquí es donde la arquitectura juega un papel importante con la creación de entornos que promuevan una interacción social saludable.

La violencia tiene múltiples causas. Sin embargo, una de ellas es el conflicto que existe entre ciertos grupos de personas por falta de interacción entre ellos. Desde tiempos antiguos, la sociedad se rige a partir de la división de grupos con características similares con las cuales se pueden identificar entre ellos. Esta situación crea un conflicto, en el que las personas ven a alguien de un grupo diferente como un enemigo. Como consecuencia, la separación ya no es únicamente social, sino que también empieza a volverse especial; separando el entorno en grupos, alejándose unos de otros. Las personas solo se sienten seguras al estar en sus casas o con alguien de su mismo grupo.

En gran medida, la falta de espacios públicos adecuados es una razón por la que este tipo de comportamientos persiste. Muchas veces, al momento de crear estos espacios no se toman en cuenta los diferentes grupos que lo van a utilizar, simplemente se coloca un espacio que ya está previamente diseñado -y que se usa como modelo- para ser colocado en cualquier parte. Esto, pocas veces funciona, ya que los espacios son diferentes, las personas son diferentes y, por lo tanto, el espacio público debería ser diferente.

Para lograr un espacio adecuado para este tipo de problema, debemos entender cómo se produce un espacio y de qué manera influye en las personas. Henri Lefebvre (1974) menciona tres categorías en la producción de espacios: espacio absoluto, espacio abstracto y espacio diferenciado. El espacio absoluto se refiere al territorio en sí, más a la forma física como son su figura y estructura. En el espacio abstracto se habla acerca de las necesidades, funciones y propósitos que serán destinados a ese espacio. Por último, tenemos al espacio diferenciado, que menciona el uso que las personas le dan a ese espacio, proveyendo la capacidad de ser transformado por el usuario. Esta categoría es un factor muy importante, ya que es aquí donde podemos ver cómo algunos grupos se adueñan de ciertos espacios, convirtiéndolos en su territorio. Por tal motivo, la creación de estos espacios debe ser estudiado adecuadamente.

Pudiera ser que esto no lo hemos hecho bien; no hemos analizado a las personas de manera suficiente al momento de crear espacios públicos para ellas, estudiando a cada uno de los grupos para así poder crear espacios en donde todos se sientan identificados; invitando a la colaboración entre la comunidad para así evitar diferencias y conflictos entre ellos. Es necesario hacer una investigación previa del entorno, para poder identificar sus necesidades y así poder brindar entornos de mayor calidad que se adapten a ellos.

Existen algunos ejemplos de casos en los que, gracias al mejoramiento de los espacios públicos, se ha podido disminuir de forma significativa la violencia. El caso más sonado es el de la ciudad de Medellín, Colombia. Esta ciudad era considerada una de las más peligrosas del mundo, mayormente asociada al narcotráfico. Actualmente, la ciudad ha pasado por un gran cambio. Utilizando como herramientas al urbanismo y la arquitectura, esta ciudad fue capaz de sobreponerse a los conflictos que tenía y ha conseguido disminuir la violencia considerablemente.

“El desarrollo urbano de Medellín fue diseñado como una estrategia integral buscando soluciones a la movilidad, la gobernanza y la educación, junto con la recuperación del espacio público y zonas verdes.” - Tere García para El País, 2015

El uso de espacios públicos no es una novedad. Hoy en día, podemos observar muchos lugares que se llaman espacios públicos, sin embargo, están casi abandonados. La razón de esto es que las personas se sienten inseguras estando en ellos, o bien, no se identifican lo suficiente con el lugar. Esto ocasiona un abandono y deterioro del espacio. La correcta aplicación de un espacio público implica involucrar a la comunidad en el diseño y planificación del lugar y, como consecuencia, de alguna manera se van a sentir identificados con el espacio. Esto, como mínimo, ocasionaría el uso del espacio, fomentando la interacción entre los distintos usuarios y fungiendo como espacios generadores de seguridad.