Alumnos de la Escuela de Arte y Comunicación transforman vidas en comunidades vulnerables
Jóvenes llevan esperanza mejorando viviendas y espacios comunitarios.
Berenice Pérez, de 24 años, vive en la colonia Alfonso Martínez Domínguez junto a su esposo y su pequeño hijo de dos años. En un terreno que comparten con su suegro, su hogar ha sido testigo de las dificultades que vienen con la falta de recursos. Sin embargo, hoy se siente agradecida porque los estudiantes de la Escuela de Artes y Comunicación (ESART) de la Universidad de Montemorelos están trabajando para mejorar su calidad de vida.
"Ellos me están ayudando a construir un baño, que es lo que más falta me hace," comparte Berenice con una sonrisa que refleja alivio. La situación de su familia es precaria. El huracán pasado dañó la única mesa que tenía y tumbó la pequeña barda que protegía su casa. "Cada vez que mi hijo quiere ir al baño, tenemos que bajar a la casa de mis suegros, pero las escaleras están muy malas y ya se ha caído tres veces. Siempre estamos vigilándolo, pero cualquier descuido y sucede de nuevo."

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Estudiantes y docentes embellecieron una colonia y ayudaron a sus habitantes a orientarse hacia una salud integral.
La ayuda de los estudiantes va mucho más allá de la construcción. "Ellos están invirtiendo su tiempo, su dinero, y sé que no es fácil. Es un esfuerzo enorme que les agradeceré toda mi vida", añadió Berenice, profundamente conmovida por la solidaridad que ha recibido.
Amparo García, suegra de Berenice, también ha sido una beneficiada por este proyecto. "Lo que más me preocupa es el baño para mi hijo, allá arriba, y también el estado de los cables eléctricos en mi casa, que ya son un peligro por lo viejos que están. Ellos han estado aquí por años, siempre apoyándonos, y con lo poquito que puedan ayudarnos, estamos profundamente agradecidos. Que Dios los bendiga por todo lo que hacen", comentó con una mezcla de gratitud y esperanza.
Pero la historia de apoyo no termina aquí. El arquitecto Genaro Montoya, encargado del equipo de quinto semestre de ARTCOM, nos comparte que, además de la casa de Berenice y Amparo, están trabajando en otros cinco hogares de la colonia. Uno de estos es el de la señora Celia, quien ha perdido la vista debido a una enfermedad. "A la señora Celia le vamos a impermeabilizar su casa y también estamos buscando cómo hacerle un camino seguro dentro de su hogar, ya que tiene dificultades para moverse. Ella vive sola durante el día y queremos que pueda desplazarse sin riesgo", dijo Montoya.
En cada hogar, los estudiantes han encontrado desafíos únicos, como el de la señora Juana Torres, de 59 años. Ella vive con su esposo y a pesar de las dificultades, recibe con optimismo a los jóvenes universitarios. "Han estado quitando la madera del techo que ya estaba en malas condiciones. Me han apoyado mucho y les agradezco con todo el corazón", comentó con una calidez que refleja la conexión que se ha creado entre los estudiantes y la comunidad.
Pamela González, estudiante de Arquitectura, ha sido parte activa en los proyectos de la colonia. Para ella, la experiencia ha sido transformadora. "Ya le hemos acomodado la instalación eléctrica a la señora Juana y estamos trabajando en su tinaco de agua. Además, vamos a construir una jaula para pollitos, porque nos dijo que le gustaría tener algunos. Este proyecto no solo es para ayudarlos ahora, sino para que puedan seguir adelante con lo que les gusta hacer," dijo con entusiasmo.

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Estudiantes de diferentes carreras influyen en la experiencia de aprendizaje en el Jardín de Niños Pedro J. Hurtado.
El equipo de ESART también ha extendido su apoyo a otras áreas, como la salud y la educación. En un jardín de niños cercano, están pintando murales y diseñando juegos didácticos para los más pequeños. "Queremos dejar algo que perdure y que no solo impacte a las familias que ayudamos ahora, sino también a la comunidad en general", añadió Pamela.
Aunque aún quedan trabajos pendientes, el impacto ya se siente en cada hogar. Desde la reparación de techos y escaleras, hasta la construcción de baños y barandales, los estudiantes no solo están aportando su conocimiento y habilidades, sino también una buena dosis de esperanza.
En las palabras de quienes han sido beneficiados, se nota la gratitud y el alivio que este esfuerzo colectivo trae consigo. “Aunque los estudiantes eventualmente terminarán sus proyectos, el cambio que dejan en cada familia es permanente, que es una mejora tangible en sus vidas y la certeza de que, cuando la comunidad se une, el futuro siempre puede ser más brillante”, concluyó Montoya.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






