UM
Conectando

Hechas para amar: una mirada al corazón de las madres

Palabras que honran la fuerza silenciosa, el legado invisible y el amor incansable de quienes nos dieron la vida.

Fotografía por: Envato.
Fotografía por: Envato.

Aquello era un “hasta pronto” para mí, pero sus lágrimas, profusas, raras en una mujer fuerte, me hicieron atisbar -desde mis 18 años cuando dejé la casa-, un misterio que rodea la vida de todas las madres: odian las despedidas, pero frecuentemente las provocan. Ellas han estado siempre presentes para asegurar que algún día pudiéramos viajar solos en nuestra propia ruta.

La vida de las madres es trascendente, pero también es cierto que cada etapa de su jornada se convierte en un lapso inusitadamente breve, como el paso del viento, a medida que los hijos crecen: el embarazo, la lactancia, la primera infancia, la adolescencia, el matrimonio de los hijos, y la propia adultez, cuando los años alcanzan también a las madres, aunque quisiéramos que fuesen eternas.

La vida del ser humano es efímera, y muchos insisten, equivocadamente, en que siendo la vida propia, hay que aprovecharla, gozarla al máximo. Pero nuestras madres viven y respiran por sus hijos. Toda la vida se les va en servirnos, y aun siendo octogenarias, cuando regresamos al nido, quieren atendernos, como si los miles de días en que lo hicieron en el pasado, no contaran.

Es un verdadero misterio el “material” con que Dios hizo a las madres, porque siendo que fueron catalogadas por muchos años como el “sexo débil”, se convierten en el baluarte de la familia; teniendo fama de sentimentales, son quienes están siempre allí cuando nuestros sueños se derrumban, para enjugar nuestras lágrimas; siendo quienes quizá no pudieron estudiar mucho por ayudar a sus hijos a hacerlo, se convierten en la sabiduría al alcance de cada uno de ellos.

Cuando nos detenemos a valorar sus vidas (frecuentemente y no solo cada 10 de mayo), su historia, sus alegrías y sacrificios, sus logros, no podemos más que admirarlas de nuevo. Desearles parabienes en el presente y un futuro glorioso. Y nosotros, como sus hijos, haríamos bien en desear que aunque sea la mitad de su fuerza nos toque en herencia.

Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.

Ana Laura Namorado

Autor
Egresada en la Lic. En Ciencias de la Educación con la especialidad de Lengua y Literatura Española (1987), y actualmente jubilada de la UM.
Ver más
Categorías: