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Estrés: el acompañante incómodo que debes aprender a manejar

Diariamente estamos expuestos a situaciones de estrés, pero debemos aprender a controlarlo de forma adecuada.

Foto: Envato Elements
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El estrés es la reacción fisiológica del organismo ante situaciones de miedo, tensión o peligro. Entran en juego distintos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada. Es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia; pero, cuando esta respuesta natural se da en exceso, se produce una sobrecarga de tensión que repercute en el organismo y puede ser dañino para la mente y cuerpo (aparición de enfermedades y anomalías patológicas) que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo humano.

El entorno y nuestro estilo de vida nos exigen continuas adaptaciones, por lo que cierta cantidad de estrés es inevitable, ya que constituye un proceso de interacción entre los sucesos del medio ambiente y nuestras respuestas cognitivas, emocionales y físicas; el problema surge cuando el estrés se vuelve frecuente o constante, ya que el organismo no tiene suficiente tiempo para poder regresar a un estado de equilibrio.

Existen distintos tipos de estrés, como:

  • Estrés físico: Se presenta cuando la persona no puede desempeñarse correctamente debido a cambios en el ambiente o en la rutina diaria, y puede llegar a entorpecer el funcionamiento del organismo.
  • Estrés psíquico: Es causado por las autoexigencias para el cumplimiento de determinadas tareas.
  • Distress: Se refiere a un estrés negativo en el cual las demandas son muy grandes y la respuesta del organismo no favorece o dificulta la adaptación al factor estresante.
  • Eustress: Es cuando la respuesta del organismo favorece la adaptación al factor estresante. Se trata de un estrés positivo en el cual hay un estímulo para mejorar.

Hay factores que nos pueden hacer estar más propensos al estrés, por lo que conocerlos nos puede ayudar a identificar las situaciones de riesgo para así poder evitarlas. El consumo de drogas alucinógenas y medicinales puede llevar a que se presenten síntomas de ansiedad debido a los efectos secundarios o al síndrome de abstinencia; entre ellas se incluyen la cafeína, el alcohol, la nicotina, los descongestionantes, los antidepresivos tricíclicos, la cocaína y las anfetaminas. Una dieta deficiente también puede contribuir al estrés, así como la falta de organización, una mala calidad de sueño y el trabajo excesivo. También hay situaciones específicas como los exámenes, presentaciones en público o entrega de proyectos finales, que pueden llegar a producir ansiedad o comportamientos anormales.

Categorizados por su origen, también hay varios tipos de estrés:

  • Estrés postraumático. El estrés postraumático (PTSD) es un trastorno que se desarrolla después de una situación traumática como una guerra, una agresión física o sexual o un desastre natural. Se manifiesta frecuentemente con sucesos o pesadillas que evocan la experiencia trágica vivida en el pasado.
  • Estrés alérgico. La alergia es una fuente de estrés que requiere de una mayor actividad del sistema inmunológico.
  • Estrés por enfermedad. Cualquier desequilibrio en el organismo, como una infección o una dolencia, puede originar situaciones de estrés.
  • Estrés por sobreesfuerzo. La lucha por mantenerse sano con un desgaste energético excesivo puede ser una gran fuente de estrés para el cuerpo.
  • Estrés por cambio ambiental. El clima frío o cálido, la altitud y la contaminación pueden también originar estrés.
  • Estrés por trabajo. Se manifiesta como un conjunto de reacciones nocivas, tanto físicas como emocionales, que ocurren cuando las exigencias del trabajo superan las capacidades, los recursos o las necesidades del trabajador, pudiendo originar enfermedad mental y hasta física.
  • Estrés emocional. Generalmente ocurre en situaciones consideradas difíciles o inmanejables, donde las personas perciben diferentes situaciones como estresantes.
Foto: Envato Elements
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¿Cómo se desarrolla el estrés en nuestro cuerpo?

Los factores estresores, físicos o mentales, activan en nuestro organismo la denominada respuesta de estrés que involucra principalmente al sistema nervioso y al endocrino. Con respecto al sistema nervioso, los elementos participantes más fundamentales son el hipotálamo, situado en la base del cerebro y que actúa de enlace entre el sistema nervioso y el endocrino; y el sistema nervioso autónomo, especialmente el sistema nervioso simpático (SNS). Este último, inerva principalmente el corazón, los vasos sanguíneos y la médula adrenal. Con respecto al sistema endocrino, están la hipófisis o pituitaria, y las glándulas suprarrenales, formadas por corteza y médula. La hipófisis se encuentra conectada estructural y funcionalmente con el hipotálamo formando el eje hipotalámico-hipofisario suprarrenal (HHSRR).

Cuando un individuo se expone a un agente estresor, puede darse un rompimiento de la homeostasis, es decir, un rompimiento en el equilibrio de su medio interno; los agentes estresores pueden ser de índole física o psicosocial y provocan que se active el sistema neuroendocrino con las siguientes acciones: En primer lugar, el SNS que se encarga de activar el organismo y preparar el cuerpo para la acción, estimula la liberación de sustancias llamadas catecolaminas desde la médula suprarrenal (adrenalina) y las terminales nerviosas adrenérgicas (noradrenalina). En segundo lugar, se activa el eje HHSRR; se pone en marcha el hipotálamo, que segrega una serie de hormonas entre las que sobresale el factor liberador de corticotropina (CRF). Esta hormona estimula el lóbulo anterior de la hipófisis liberando así otra hormona, la ACTH, también conocida como corticotropina. La ACTH, a través del torrente sanguíneo, llega a las glándulas suprarrenales y activa la corteza, liberando principalmente glucorticoides (cortisol y andrógenos) y mineralocorticoides (aldosterona). En respuesta a las hormonas del estrés, el organismo se pone en guardia y se prepara para la lucha o para la huída. Esencialmente, concentra sus energías en el cerebro, el corazón y los músculos en detrimento del resto de los demás órganos. Se produce también otra serie de cambios como la elevación de glucosa, leucocitos, hematíes y plaquetas en sangre, el aumento de la frecuencia cardíaca, el incremento de la fuerza de contracción del músculo cardíaco y de la respiración, una mayor dilatación de los vasos coronarios y de los músculos esqueléticos, una mayor constricción de vasos del resto de los órganos (digestivos, riñón, bazo, etc), la relajación de la vejiga, la contracción del recto, la dilatación de las pupilas y el aumento de la sudoración.

Existe una gran cantidad de signos y síntomas que se presentan ante la situación de estrés. Esto se debe a que las hormonas que se secretan, con la finalidad de contrarrestar el estímulo estresor, viajan por el torrente sanguíneo afectando a la mayor parte de los órganos como se mencionó anteriormente.

Es por esto que, dependiendo del órgano afectado, es el signo o síntoma que se presenta. Algunos de los síntomas más importantes son: dolor de cabeza, tics nerviosos, insomnio, ansiedad, boca seca, nudo en la garganta, tensión y dolor muscular, taquipnea, dispepsia, vómitos, diarrea, colitis ulcerosa, poliuria, impotencia sexual, dismenorrea, piel seca, prurito, fatiga rápida, hipertensión, taquicardia, etc.

Estar bajo presión constante puede dar lugar a la presencia de algunas enfermedades. Si se le permite al estrés agudo que se presente constantemente, este podrá convertirse en estrés crónico por lo que es posible que aparezcan signos o síntomas que indiquen la presencia de una enfermedad grave. Las reacciones al estrés influyen en la iniciación o progreso de estados precursores de la enfermedad, ya sea directamente alterando el medio interno o indirectamente mediante opciones consideradas “soluciones”, como es el consumo de alcohol o tabaco. Otras enfermedades que influyen directamente en la persona son: trastornos mentales, hipertensión, úlcera péptica, ingestión excesiva de alimentos (lo que provoca obesidad), depresión, enfermedades cardíacas, enfermedades respiratorias, etc.

En 1936, Hans Selye denominó Síndrome General de Adaptación a tres fases sucesivas de adaptación del organismo, que son:

  1. Fase de reacción de alarma: Esta fase se hace presente cuando el cuerpo detecta el estímulo estresor.
  2. Fase de resistencia: Comienza cuando el cuerpo busca medidas defensivas ante el estímulo estresor buscando llegar al equilibrio.
  3. Fase de agotamiento: Comienza cuando el cuerpo abusa de sus recursos y defensas para mantener el equilibrio.

Estas fases nos ayudan a entender si nuestro organismo está sometido a estrés y poder identificar la respuesta de nuestro cuerpo para poder ayudarle, por medio de tratamientos que le permitan romper la activación constante del sistema nervioso simpático y comenzar una fase de relajación.

Entre los múltiples tratamientos que nos pueden ayudar a manejar el estrés encontramos:

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Tener una alimentación sana y equilibrada: no saltarse ninguna comida, consumo de alimentos naturales (frutas, verduras, legumbres), alimentos que contienen nutrientes y reducir alimentos procesados y comida rápida. Cuando el estrés se da de manera prolongada hace que las reservas de nuestro cuerpo se agoten rápidamente provocando que el organismo sea más vulnerable; por eso tener una alimentación adecuada es importante, ya que si una persona no tiene un adecuado balance en la alimentación puede llegar a sentirse débil y tener una disminución en sus defensas.

Evitar el consumo de sustancias nocivas: Evitar consumo de drogas, alcohol, tabaco y café.

Hacer ejercicio físico: Es una forma saludable de dejar salir la energía contenida y la tensión del organismo, debido a que el ejercicio obliga al cerebro a producir endorfinas (que son potenciadores naturales del estado de ánimo y que se generan con el movimiento del cuerpo), logrando así olvidar frustraciones y otras tensiones.

Terapia cognitivo conductual: Es un tratamiento que analiza cómo las situaciones pueden conducir a pensamientos que tendrán un impacto en sus sentimientos y comportamiento. Su objetivo es cambiar su forma de pensar y de comportarse y le ayuda a afrontar pensamientos o sentimientos negativos.

Tener hábitos higiénicos de sueño: Mantener un ritmo regular de horarios y evitar excesos de actividad o estrés en las horas previas al sueño, no dormir durante el día, evitar sustancias estimulantes o comer mucho antes de acostarse.

Farmacoterapia: El tratamiento farmacológico del estrés postraumático de primera línea son los antidepresivos ISRS y la venlafaxina. Otros antidepresivos que no pertenecen al grupo de los ISRS posiblemente también alivien los síntomas del estrés postraumático, como la Duloxetina, la Desvenlafaxina, la Trazodona y la Mirtazapina.

Cada tratamiento debe ser personalizado y se debe asesorar también sobre los medicamentos y otras sustancias productoras de ansiedad como pueden ser: agentes simpaticomiméticos (broncodilatadores), agentes vasopresores, agonistas dopaminérgicos (antiparkinsonianos), anfetaminas, anticonceptivos, clonidina, corticoides, digital, insulina, inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, penicilinas, sulfonamidas, teofilina y tuberculostáticos.

Como puedes darte cuenta, el estrés es un enemigo que está presente en nuestro día a día y es necesario que lo conozcamos para poder manejarlo de la mejor manera. Sin embargo, cuando identificamos que sale de nuestro control y que ya no podemos lidiar con él, debemos buscar ayuda profesional. Si este es tu caso, en el Centro de Medicina de Estilo de Vida: Vida Sana, del Hospital La Carlota estamos para ayudarte.


Bibliografía

  • Alyson Moadel, Aimee Christie, Catherine Powers. (2020). Manejo del estrés, efectos del estrés y cómo sobrellevarlos. Leukemia y lymphoma society.
  • Núria Capdevila, María José Segundo. (2019). Estres. Elsevier.
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  • Ana Ma Regueiro. (2017). ¿Qué es el estrés y cómo afecta? Servicio de Atención Psicológica de la Universidad de Málaga.
  • Herrera-Covarrubias Deissy, Coria-Avila Genaro, Muñoz-Zavaleta David, Graillet-Mora Olivier, Aranda-Abreu Gonzalo. (2017). Impacto del estrés psicosocial en la salud. Neurobiología revista electrónica.
  • Dr. Jorge Amado Grau Abalo, Dr. Alberto Cobian Mena. (2019). El estrés y su control.
Héctor Murillo

Autor
Director médico del Centro de Medicina de Estilo de Vida: Vida Sana, del Hospital La Carlota y docente de la Escuela de Medicina de la Universidad de Montemorelos. Certificado en Medicina de Estilo de Vida por el International Board of Lifestyle Medicine.
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Jorge Arias

Autor
Médico en el Centro de Medicina de Estilo de Vida: Vida Sana, del Hospital La Carlota.
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