Enfermería con propósito: cuando sanar va más allá del cuerpo
En el Día Internacional de la Enfermería, recordamos que los gestos más pequeños son los que dejan las huellas más profundas en el alma.
Marta era una paciente en cierto hospital donde trabajé. Era gruñona y de un humor que pocos estaban dispuestos a soportar. Un día la vi tejiendo con dos agujas y por ahí llegué a su solitario y olvidado corazón. “Mi mamá también tejía así”, le dije, “pero yo nunca aprendí”. Ella dejó lo que hacía con sus manos y me miró. “Es fácil”, dijo, “mira”. Y procedió a enseñarme, para luego prestarme sus valiosos objetos con los que hacía la prenda de hilo.
Otro día, después de administrarle sus medicamentos, noté que las uñas de sus pies estaban descuidadas. Era evidente que, en su juventud, ella había sido muy cuidadosa con su arreglo personal. Al día siguiente llevé lo necesario para arreglarle las uñas y lo hice. Una colega entró justo en ese momento y, al salir del cuarto, me dijo en tono molesto: “No le estés cortando sus uñas, porque cuando te vayas, nadie se lo hará”.
Esa frase me marcó. Me hizo preguntarme si algún día, después de varios años, también dejaría de hacer con pasión “esas pequeñas cosas”. Cosas que quizá nadie ve, pero que quedan fielmente registradas en la bitácora del cielo.
Hoy, en el Día Internacional de la Enfermería, pienso en todo lo que representa esta vocación. Porque más allá de administrar medicamentos, programar un goteo o tomar signos vitales, ser enfermero o enfermera es acompañar, consolar, tocar un corazón herido y ofrecer esperanza. Es por ello que enfermería es vocación, un llamado a servir.
Y es verdad que esta labor no siempre se desempeña con facilidad. Quizás es por las largas jornadas, bajos sueldos, o los muchos pacientes que toca atender, que en ocasiones la visión y la pasión de enfermería se pierden; se va la vocación y se queda solo la profesión, lo técnico.
Sin embargo, a tí enfermera y enfermero, te invito a recordar que tu llamado a servir a un ser humano, es visto cada día y observado con atención por los ojos de aquel que te llamó a desempeñar esta sagrada labor. ¿Qué se escribe de ti tras cada entrega de turno en el cielo? “El que es fiel en lo poco” … se lee en la Biblia; y esa fidelidad en el cuidado más mínimo por tu paciente, será grandemente recompensado.
Gracias a ti, personal de enfermería, que cada día en oración cuidas de tu paciente como si estuvieras cuidando a Jesús mismo. A ti que con paciencia explicas una y otra vez el procedimiento. A ti que con amor curas las heridas, escuchas el dolor emocional o simplemente tomas la mano de tu paciente para que sepa que no está solo.
Gracias por ser las manos que curan, las voces que alientan, los corazones que reflejan el amor de Jesús. Quizás nunca sabrás si en el cielo habrá alguien gracias al testimonio y al cuidado amoroso de un enfermero o enfermera con quien un día coincidió en una cama de hospital. Pero mientras llega ese día, sigue conservando la pureza de tu corazón para cumplir la misión de la profesión que elegiste.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






