Una cultura de paz
Familia y educación: el pilar necesario para una cultura de paz sostenible.
“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” En México y Latinoamérica es muy conocida esta famosa frase del Benemérito de las Américas: Don Benito Juárez García (1806–1872). Si este jurista y político mexicano percibió que en su tiempo ya era una necesidad pensar con cuidado acerca de la paz, cuánto más en nuestro mundo posmoderno podemos ser más conscientes de esta imperiosa necesidad. Con mucha frecuencia escuchamos o leemos las noticias del mundo que nos rodea y es asombrosa la cantidad de notas que hablan sobre la violencia que azota a la sociedad, las calles de las grandes ciudades parecen no ofrecer seguridad a los transeúntes, el “bullying” en las escuelas y en ámbito laboral, tan de moda en estos tiempos; nos asombra cómo se lastiman entre compañeros de la escuela por cuestiones tan vanas que no se puede creer; adolescentes quitándole la vida a alguien de su escuela. Sin duda que ha faltado educar en la competencia del saber convivir.
Lo más lamentable aún, es la violencia intrafamiliar; en los hogares, que es donde se espera que todos encuentren paz y seguridad es donde, en algunos casos, se cometen las peores atrocidades; ya no digamos entre los adultos, sino contra los niños, los más pequeños que necesitan de la protección de sus padres y del cuidado amoroso de los mayores de la familia. De igual manera es frustrante para las nuevas generaciones que los agentes de la paz hayan quedado en deterioro por las fallas en su ámbito de liderazgo como son los padres, los maestros y los líderes religiosos. Entonces, ¿qué pasa con los esfuerzos que se hacen a través de las diversas organizaciones para hablar sobre la paz y de la formación de una cultura de la paz?
Según la definición de las Naciones Unidas (1998, Resolución A/52/13), la cultura de paz consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones. La Declaración y el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz (1999, Resolución A/53/243) identifica ocho ámbitos de acción para los actores al nivel local, nacional y internacional que proponen: promover la cultura de la paz a través de la educación, la equidad, el fomento sobre el desarrollo social sostenible, el respeto a los derechos humanos, la democracia, la comprensión, tolerancia y solidaridad, y se menciona además, el apoyo a la comunicación participativa y la libre circulación de información y del conocimiento, así como promover la paz y la seguridad internacionales. (www.unesco.org).
En muchas ocasiones esperamos que los gobernantes y las organizaciones hagan este trabajo y los culpamos por no actuar; pero, no podemos eludir la participación de la educación empezando en la familia, que es la primera escuela del niño, ahí con sus padres como sus primeros maestros, como lo afirma Elena de White. Ella enfatiza la importancia de la educación en el hogar y la responsabilidad de los padres en la formación de sus hijos. En su libro “Conducción del Niño”, White menciona que los padres deben ser los principales educadores y enseñarles principios cristianos desde una edad temprana.
En el hogar es donde se prepara al niño para que vaya a la escuela con conocimientos previos y básicos para lo que sigue en la enseñanza formal. Un niño, por pequeño que sea, al que en su hogar se la ha enseñado a respetar a los demás, a respetar la propiedad ajena, a respetar a los adultos y amar a sus padres como figuras de autoridad, aplicará esas lecciones en su escuela y más tarde al ámbito laboral, así como en sus funciones dentro de la sociedad y de su iglesia.
Siguiendo esta línea, la educación en principios y valores cumple una función social muy importante no solo en la familia, es tan abarcante que debe llegar a la escuela, a la iglesia y a la sociedad misma. ¡Cuántos males se evitarían si cada actor fuera más responsable en cumplir con el rol que se le ha asignado! Así como es gratificante la satisfacción por el deber cumplido.
Mucho podemos hacer en estos ámbitos y círculos de acción, pero el mundo no experimentará esa paz plena si no se vuelve a Jesús. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Esta es una gran promesa escrita en la Palabra de Dios registrada en Juan 14:27. Esa paz tendrá su pleno cumplimiento en un mundo mejor: la Patria celestial.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






