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El camino a la libertad

Crónica de la independencia mexicana.

Foto tomada del banco de imagen  de Comunicación Institucional.
Foto tomada del banco de imagen  de Comunicación Institucional.

Antes de la llegada del alba, la madrugada del 16 de septiembre de 1810, se escuchaban los pasos firmes de un pueblo que era movido por el deseo de libertad. Con el repique de la campana, frente al cura Miguel Hidalgo y Costilla, se encontraba una multitud que al unísono gritaba “¡Viva!”, ante el cansancio del yugo opresor de una nación ajena.

Tal evento fue conocido como “Grito de Dolores”, el cual, desencadenaría una intensa lucha de once años para lograr la independencia de la Nueva España, actual México, que desde 1521 había sido denominada colonia española, cuando Hernán Cortés conquistó Tenochtitlán.

A pesar de su carencia en armas y en experiencia militar, alrededor de cien mil personas se enlistaron para pertenecer al Ejército Insurgente; el cual estaba conformado por nativos indígenas; mestizos, personas nacidas de un español y un indígena; criollos, hijos de españoles nacidos en la Nueva España y por la gente de las castas.

Del bando contrario se encontraba el Ejército Realista, defensor del sistema colonial español y de los intereses de la corona española. Quienes eran adiestrados en la milicia y en las armas.

Esta primera etapa de la lucha por la Independencia denominada “Iniciación”, tuvo su cúspide el 16 de enero de 1811, fecha en la que tuvo lugar la Batalla del Puente de Calderón, victoria que ponía en juego el rumbo que tomaría la guerra, ya que la toma del Puente de Calderón significaba para Hidalgo el paso a Querétaro, para posteriormente llegar a la Ciudad de México.

A pesar de la notable desigualdad numérica que favorecía al Ejército Insurgente, su carencia de adiestramiento militar provocó su derrota y los obligó a retroceder. Esta primera etapa concluyó poco después, cuando en marzo de 1811, Miguel Hidalgo junto con otros líderes insurgentes, fueron capturados y fusilados.

El principal líder había muerto, pero no la motivación; la dirección del movimiento quedó a cargo de José María Morelos y Pavón, sacerdote que guió la segunda etapa denominada “Organización”.

Durante este periodo se formó un ejército disciplinado militarmente, asimismo se promulgó la Constitución de Apatzingán, decreto que promovía la observancia de la religión católica, la libertad, la igualdad de los ciudadanos, velar por la economía de todos, entre otros principios. Esta Constitución no pudo entrar en vigor, pero tuvo gran significado en la lucha por la independencia.

“Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione dando al mundo las razones”, comenzó escribiendo Morelos en su discurso “Sentimientos de la Nación”, donde plasmaba su ideario político. Este fue presentado el 14 de septiembre de 1814 en la inauguración del Congreso de Anáhuac en la ciudad de Chilpancingo.

Otra muerte fue lo que marcó el fin de esta etapa, cuando Morelos fue fusilado en Ecatepec, Estado de México. “Morir es nada cuando por la patria se muere, y yo he cumplido, como debo con mi conciencia y como americano. Dios salve a la Patria, cuya esperanza va conmigo a la tumba”, escribió Morelos en una carta antes de morir.

El desorden y la falta de una figura de liderazgo fue lo que caracterizó a la tercera etapa llamada “Resistencia”. Nuevamente el Ejército Realista recuperó la ofensiva y los insurgentes se dispersaron en pequeños grupos guerrilleros, comandados principalmente por Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y Francisco Javier Mina.

Muchos de los insurgentes cayeron, otros se doblegaron a la corona y muy pocos permanecieron luchando fielmente a su propósito.

El cansancio y la crisis económica se apoderaron de los pobladores de la Nueva España, la guerra parecía perdida y la derrota garantizada. Fue entonces cuando comenzó la etapa de la “Consumación”, cuando España proclamó una serie de decretos en la Constitución Liberal de Cádiz, las cuales incluían reformas en contra del poder de la Iglesia.

Los grupos que tenían el poder en la Nueva España fueron obligados a firmar esa misma Constitución, pero el hacerlo implicaba ir en contra de los intereses de los grupos de élite, por lo que los realistas decidieron terminar con el dominio español para seguir conservando su poder. Para eso, designaron al criollo Agustín de Iturbide como jefe militar para unir sus intereses con los de los principales líderes insurgentes.

La desventaja que los insurgentes tenían fue considerada motivo suficiente para aceptar la propuesta de los realistas, ya que consideraban era el único camino para lograr la independencia.

Vicente Guerrero aceptó que Iturbide asumiera el mando de ambas tropas, quien proclamó el “Plan de Iguala” el 24 de febrero de 1821, primer documento legal que unía intereses de las Fuerzas Realistas e Insurgentes, y que promovía la igualdad e independencia defendida por los insurgentes, la religión católica como única y la monarquía como forma de gobierno.

Tras la ardua lucha de once años, el 27 de septiembre de 1821 entró triunfal a la Ciudad de México la unión de ambas tropas, quienes ahora conformaban el Ejército Trigarante o de las Tres Garantías, las cuales eran la religión, la unión y la independencia, simbolizados por la bandera que portaban con los colores verde, blanco y rojo.

Fue así como se dio por concluída la lucha por la independencia de la Nueva España, la cual pasó a llamarse Imperio Mexicano. Pero para llegar a ser la república por la que hoy es conocida, fueron muchos años de crisis política y militar, en la que se intentaron implementar múltiples sistemas políticos y de gobierno.

Actualmente en México, cada año se conmemora el inicio de la Independencia, tal como Morelos expresó en su discurso, al decir “que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa libertad comenzó”.

La campana utilizada por Miguel Hidalgo en el Grito de Dolores fue trasladada en 1896 hasta Palacio Nacional en la Ciudad de México, donde cada 15 de septiembre, alrededor de las 11 de la noche, es tocada por el presidente mientras todos los mexicanos gritan “¡Viva!”, en conmemoración de aquella oscura madrugada cuando los héroes de la patria comenzaron un movimiento armado en búsqueda de la libertad.

Lili Pimentel

Autor
Egresada de Comunicación y Medios por la Universidad de Montemorelos.
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