Egresada de la Universidad de Montemorelos crea jardín sensorial que beneficia a 280 estudiantes con discapacidad
Claudia Figueroa desarrolló un espacio terapéutico en Reynosa que estimula los sentidos, fortalece habilidades y favorece la regulación emocional de niñas, niños y jóvenes con necesidades educativas especiales.
La pasión por servir y transformar vidas llevó a la Mtra. Claudia Figueroa, egresada de la Licenciatura en Educación Preescolar de la Universidad de Montemorelos (generación 2007), a desarrollar un proyecto que hoy beneficia a cerca de 280 estudiantes con discapacidad severa en el Centro de Atención Múltiple (CAM) de Reynosa “Ma. Esther Zuno”. Se trata de un jardín sensorial terapéutico diseñado para estimular los sentidos, fortalecer habilidades y favorecer la regulación emocional de niñas, niños y jóvenes con necesidades educativas especiales.
Figueroa, quien además cuenta con una maestría en Educación Especial y actualmente cursa un doctorado en Educación, ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional al trabajo con estudiantes que presentan condiciones como parálisis cerebral, discapacidad intelectual, trastorno del espectro autista y síndrome de Down.
La iniciativa nació a partir de una observación que parecía sencilla, pero, como lo relata la maestra Figueroa, para los educadores que se dedican a este grupo de alumnos es significativo. Mientras trabajaba con su grupo de taller laboral, enfocado en actividades de jardinería, lavandería y limpieza, comenzó a notar avances inesperados en algunos alumnos.
“Observé que, mediante las actividades de jardinería, alumnos que antes no podían exprimir una esponja o sembrar semillas comenzaron a desarrollar nuevas habilidades. Eso me hizo reflexionar sobre el impacto de estas actividades”.
Aquella experiencia se convirtió posteriormente en el tema central de su proyecto doctoral. Al investigar sobre el tema, descubrió la existencia de huertos educativos y jardines ornamentales, pero encontró pocos antecedentes de jardines sensoriales terapéuticos de características similares en el contexto educativo mexicano.
Un espacio para aprender, sentir y regular emociones
El jardín fue construido con la participación de padres de familia, personal del CAM y diversos actores de la comunidad. El espacio incluye flores y plantas aromáticas, estaciones musicales, una cascada elaborada con materiales reciclados, senderos sensoriales con distintas texturas, áreas para exploración táctil y recursos para el aprendizaje de conceptos matemáticos.
Además, fue diseñado pensando en la accesibilidad, permitiendo que estudiantes que utilizan silla de ruedas puedan interactuar con los diferentes elementos del lugar.
“El propósito es que todos puedan estimular sus sentidos y, al mismo tiempo, regular sus emociones”.
La maestra explicó que el jardín aprovecha un espacio que desde hace años funcionaba como salón al aire libre y refugio para estudiantes que necesitaban tranquilidad durante momentos de crisis emocional. Ahora, convertido formalmente en jardín sensorial, ofrece una alternativa terapéutica y educativa para toda la comunidad escolar.
Uno de los principales retos fue reunir las plantas necesarias para conformar el jardín. Muchas familias atendidas por el CAM enfrentan limitaciones económicas debido a los gastos asociados a terapias, atención médica y transporte.
“Lo más complicado fue conseguir las plantas. Tocamos muchas puertas y finalmente una fundación de Reynosa llamada Manos Solidarias respondió a nuestra solicitud y realizó una importante donación de plantas florales y aromáticas”.
Gracias a ese apoyo, el proyecto pudo completarse y quedar disponible para toda la población estudiantil del centro.
El sello de la Universidad de Montemorelos
Para Claudia Figueroa, la formación recibida en la Universidad de Montemorelos fue determinante para concretar una iniciativa de esta magnitud.
“La UM influyó profundamente en mi manera de trabajar. Me enseñó la importancia de servir con amor, de utilizar los talentos y habilidades para ayudar a los demás y de ver cada labor como una oportunidad para impactar vidas”.
La egresada recordó especialmente las experiencias de servicio comunitario, colportaje y liderazgo que vivió durante su formación universitaria, las cuales fortalecieron su capacidad para identificar necesidades, gestionar recursos y perseverar ante los desafíos.
“Cuando surgían obstáculos para el jardín, esa formación me ayudó a seguir adelante y buscar soluciones”.
Hoy, el jardín sensorial terapéutico es el resultado de una visión educativa centrada en la dignidad, el potencial y las capacidades de cada estudiante, así como del compromiso de una egresada que decidió transformar su vocación en una oportunidad concreta para mejorar la calidad de vida de cientos de niños y jóvenes.
Al reflexionar sobre el proyecto, Figueroa animó a otros profesionales de la educación a no limitarse por la falta de recursos. “Muchas veces pensamos que necesitamos grandes presupuestos para generar cambios, pero cuando existe disposición para servir y trabajar en equipo, es posible transformar espacios y crear oportunidades significativas para nuestros estudiantes”.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






