Los desafíos de una mujer cristiana
El valor, la valentía y el poder para promover la paz.
En 1977, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró oficialmente el 8 de marzo como el “Día Internacional de la Mujer”, en conmemoración a la serie de luchas que -desde 1875- tuvieron grupos de mujeres que exigían se reconocieran sus derechos como trabajadoras, en medio de situaciones muy lamentables.
En este contexto, este 8 de marzo realizamos el Conversatorio “La mujer cristiana como mediadora y artesana de paz”, como escenario para el intercambio de experiencias con la finalidad de sensibilizar y reflexionar sobre la importancia de las mujeres cristianas en el ámbito de la mediación y la cultura de la paz.
Este espacio generó un ambiente académico de diálogo reflexivo, fomentando la educación en el tema de la equidad de género y resaltando que, como hombres y mujeres, Dios nos ha llamado con un propósito especial. Además, reafirmamos que Dios nos formó a las mujeres para ser un complemento, una “ayuda idónea”, y para llevar la paz como lo hizo la Reina Esther; quien al colocarse en las manos de Dios, fue un instrumento poderoso como mediadora y artesana de la paz, salvando no solo su vida sino la de toda una nación.
Hablamos de Esther porque, a pesar de ser una niña huérfana que fue educada por su primo Mardoqueo, con muchos desafíos (viviendo en un país que no era el suyo, con una identidad oculta y hasta con un nuevo nombre -ya que de Haddasa pasó a llamarse Esther-), nunca olvidó sus orígenes, nunca olvidó quién era. Vivió bajo la voluntad de nuestro Dios, quien la guió siempre en la formación de su carácter, en la inteligencia emocional que desarrolló y en la sabiduría que Dios colocó en ella al momento de resolver conflictos; siendo uno de los ejemplos más importantes de mediación en la historia del pueblo de Israel y que ha tenido impacto hasta nuestros días.
Al interceder por su pueblo, vemos a una mujer sabia, estratega, cristiana, noble, que reconocía su valor ante Dios, y conservó su posición y dignidad como dama y reina; una política influyente que sabía que tenía una responsabilidad y que la asumió con inteligencia, pero sobre todo buscó la dirección divina.
En el siglo IX, a las reinas se les reconocía su función de “mediadoras”, basándose en el ejemplo poderoso y la influencia que tuvo Esther como reina en un imperio hegemónico como lo era el de Persia.
Aunque conmemorar el 8 de marzo es importante para crear consciencia y reflexionar sobre la situación que vivimos las mujeres en la actualidad, no requerimos un día especial para recordar que Dios nos creó con un propósito, que somos valiosas y que tenemos innumerables mujeres en la Biblia que nos inspiran con su ejemplo en circunstancias adversas, a una vida de fe, a ser mediadoras y artesanas de la paz, a mantenernos firmes y “del lado de la verdad aunque se desplomen los cielos”, a ser apoyo de los que sufren, pero sobre todo a INSPIRAR a otras con nuestro ejemplo; para que, a través de él, puedan ver el carácter de Cristo.
Recordemos que el más grande mediador es Cristo Jesús, ¡imitémosle!






