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Dios mira el corazón y no las apariencias

La historia de David enseña que la grandeza no está en la imagen exterior sino en un corazón humilde y dispuesto a ser guiado por Dios.

Imagen de Freepik.
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Al parecer, como humanidad tendemos a juzgar a otros a partir de algunas presuposiciones, tales como los estándares de belleza y de conducta, de  experiencias personales, o incluso nuestros propios sentimientos.

Tendemos a encasillar a las personas según nuestra propia percepción, y pocas veces nos tomamos el tiempo de verificar si nuestras suposiciones coinciden con la realidad de quien estamos juzgando. Incluso llegamos a decir que no estamos “juzgando”, y mucho menos llevamos el asunto a Dios, aunque solo Él tiene la capacidad de ver el corazón.

En el relato bíblico de 1 Samuel 16, Dios ya había desechado a Saúl como rey del pueblo de Israel, ya que no escuchaba Su voz. Ahora Samuel tenía la tarea de ungir al nuevo rey. Samuel amaba a Saúl, cosa que hacía su trabajo más difícil.

Aun así, obedeciendo a Dios, fue a la casa de Isaí porque Él le había indicado que de su familia saldría el nuevo rey. Samuel llegó con un perfil para rey, tanto así que ya estaba listo para ungir al primer hijo de Isaí.

Sorpresa que se llevó cuando Dios prácticamente le dijo, “todas tus presuposiciones de quién debe ser rey, déjalas a un lado… tú ves el exterior, pero yo veo el corazón”.

Esta es una lección impactante para todos nosotros. La prioridad de Dios, para trabajar con el humano, no es su físico, habilidades, apellido, inteligencia, fuerza, o todas las cualidades que nosotros suponemos que deben tener.

La prioridad de Dios ¡es el corazón!

¿Qué es mirar el corazón? Es nuestra voluntad, nuestras intenciones, nuestra humildad y nuestro deseo de ser dirigidos por Él. A partir de un corazón dispuesto, Dios puede transformar a un pastor de ovejas en un rey.

Es más, si nos dejáramos guiar por Él, todos nos sentiríamos como reyes de la mano de Dios.

“Pero el Señor dijo a Samuel: —No mires su apariencia ni lo alto de su estatura, pues yo lo he rechazado. Porque el SEÑOR no mira lo que mira el hombre: El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón”. (1 Samuel 16:7)

Oscar Castillo

Autor
Director de coros, maestro en la Escuela de Música y desarrollador de negocios en ProMusic de la Universidad de Montemorelos.
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