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Dios hará nuevas todas las cosas

Apocalipsis 21 revela la esperanza cristiana de una restauración definitiva más allá del dolor y la muerte.

Fotografías por: Universidad de Montemorelos / Dania Gutiérrez.
Fotografías por: Universidad de Montemorelos / Dania Gutiérrez.

“He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

Todos quisiéramos cambiar algo de nuestra historia. Tal vez borrar una pérdida, reparar una relación, recuperar la salud o evitar una decisión que dejó consecuencias. Hacemos lo posible por reconstruir lo dañado, pero existen heridas que ningún esfuerzo humano puede sanar por completo.

Apocalipsis 21 dirige nuestra mirada hacia una realidad diferente. Juan contempla un cielo nuevo y una tierra nueva. Dios habita con su pueblo, enjuga sus lágrimas y pone fin a la muerte, el dolor y el llanto. En medio de esa visión se escucha una de las promesas más esperanzadoras de la Biblia: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”.

No se trata solamente de mejorar las condiciones actuales o de ocultar las marcas del sufrimiento. Dios promete una restauración completa. Todo aquello que el pecado ha roto —la relación con Él, los vínculos entre las personas y la creación misma— encontrará finalmente su respuesta en la obra de Cristo.

La esperanza cristiana no nos pide negar lo que vivimos. Apocalipsis reconoce la existencia de lágrimas, muerte, clamor y dolor. La promesa resulta poderosa precisamente porque nace en un mundo que conoce el sufrimiento.

Creer que Cristo hará nuevas todas las cosas no significa afirmar que ahora todo está bien. Significa confiar en que el mal no tendrá la última palabra. Las pérdidas no definirán para siempre nuestra historia y ninguna herida será más grande que la capacidad de Dios para restaurar.

Esta esperanza tampoco depende de nuestra habilidad para comprender cada acontecimiento. Se sostiene en quien hizo la promesa. Apocalipsis presenta estas palabras como “fieles y verdaderas”. Podemos confiar en ellas porque Cristo venció la muerte y su resurrección anticipa el futuro que ofrece a quienes creen en Él.

La promesa de un mundo nuevo no debe alejarnos de las necesidades del presente. Por el contrario, nos enseña cómo vivir hoy. Si esperamos un futuro sin injusticia, podemos actuar con justicia. Si aguardamos un mundo sin dolor, podemos acompañar a quienes sufren. Si creemos en la reconciliación definitiva, podemos comenzar a reparar nuestras relaciones.

Dios también desea iniciar su obra renovadora dentro de nosotros. Antes de transformar por completo el mundo, quiere restaurar nuestro corazón, cambiar nuestras prioridades y enseñarnos a mirar a los demás con la compasión de Jesús.

Por eso, la pregunta no es únicamente si creemos que Cristo volverá, sino si estamos permitiendo que su promesa transforme nuestra manera de vivir. ¿Qué aspecto de nuestra vida necesita ser renovado? ¿Qué herida debemos entregarle? ¿En qué lugar podemos convertirnos hoy en instrumentos de esperanza?

Quizá hoy todavía haya lágrimas, preguntas sin respuesta y situaciones que no podemos cambiar. Pero Apocalipsis 21 nos recuerda que la historia no terminará de esa manera. Cristo viene, el dolor no será eterno y Dios cumplirá su promesa: hará nuevas todas las cosas.

Editora: Brenda Cerón.      

Laura Marrero

Autor
Coordinadora de Periodismo Institucional en la Universidad de Montemorelos.
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