Con los lentes de Cristo
Sólo usando los lentes correctos podremos ver a los demás como Dios espera que lo hagamos.
La conversión de Saulo, que podemos leer en Hechos capítulo 9, dio un giro a su vida de 180 grados. No fue cualquier conversión, pasó de ser perseguidor a perseguido… No es fácil asimilar esto y la reacción de los creyentes cristianos hacia Saulo estaba muy bien justificada; el relato bíblico dice que le tenían miedo y que no se querían juntar con él.
Llegar a confiar en alguien requiere de tiempo (cuando no los conoces y comienzas a hacerlo), pero llegar a confiar en alguien a quien ya conoces, que tiene su reputación, que te ha querido hacer daño e incluso que te ha defraudado es un proceso todavía más difícil y puede tomar más tiempo del que realmente quisieras. Esto fue lo que tuvo que experimentar Saulo una vez que llegó a Jerusalén, donde había la mayor concentración de creyentes. Entonces, ¿qué pasó?
Alguien tuvo que “avalar” por él, alguien tuvo que interponerse entre la concepción que se tenía de Saulo y la nueva persona que él era. Alguien tuvo que creerle antes de poder ser aceptado por todos los demás. En esta historia, esa persona es Bernabé.
Bernabé tenía su corazón puesto en la misión, era una persona de las que habían vendido sus propiedades para usar esos recursos en el avance del evangelio. Bernabé, posiblemente, pudo reconocer la transformación que Saulo denotaba al haberla experimentado él mismo. No estoy diciendo que Bernabé fuera perseguidor de cristianos, pero imagino que sí pudo reconocer el trabajo que había hecho el Espíritu Santo en el corazón de Saulo. ¡Cómo me gustaría ser como Bernabé! Una persona que puede distinguir el trabajo del Espíritu Santo y que da oportunidad a personas que la mayoría no está dispuesta a dar.
En este relato podemos ver cómo la iglesia seguía avanzando, los apóstoles salían a predicar, también se menciona a la discípula “Dorcas”, que había muerto pero sus obras la acompañaban aún en la muerte; tanto así que Dios la resucitó por medio de Pedro. Todo esto está pasando a la par de que Saulo se integra al equipo de evangelistas que habrían de conquistar el mundo en el nombre de Jesús.
Se muestran muchos talentos, muchas capacidades, todas en dirección del cumplimiento de una misión, alcanzar el mundo para Jesús. Y uno de esos talentos, uno de tantos que se mencionan, es el talento de dar oportunidades a personas que muy posiblemente “no las merecen” a los ojos humanos, pero Dios nos muestra que sí hay que hacerlo pues para Él nada es imposible. Tanto así, que le cambió el corazón a Saulo y pasó de ser un perseguidor de la iglesia a un misionero espectacular.
Hoy, Bernabé nos enseña que nadie está fuera del alcance del Espíritu Santo y que si Dios nos da continuamente oportunidades a nosotros, ¡cuánto más deberíamos dar oportunidades a nuestros semejantes! Ojalá que Dios nos ayude a tener un corazón dispuesto a aceptar su voluntad y que su Espíritu Santo nos permita usar los lentes de Cristo para ver a los demás como lo que pueden llegar a ser y no como lo que fueron antes de conocer a Dios.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






