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Día del Abogado en México: el llamado urgente a una abogacía con compromiso social

Más allá del litigio, el 12 de julio invita a reflexionar sobre una educación jurídica ética, humana y transformadora, orientada a la justicia social y la democracia.

Fotografía por: Universidad de Montemorelos.
Fotografía por: Universidad de Montemorelos.

Cada 12 de julio, México celebra el Día del Abogado, una fecha propicia para reflexionar no solo sobre los logros de la profesión jurídica, sino también sobre sus retos éticos, sociales y pedagógicos. En este marco, resulta particularmente pertinente recuperar el planteamiento de Gabriel I. Gómez en su artículo “Lawyers for Democracy or for the Market?: Revisiting Legal Education”, donde el autor colombiano cuestiona si la formación jurídica debe estar orientada únicamente a fines mercantiles o si, en cambio, debe aspirar a contribuir con la construcción democrática y la transformación social.

Los abogados somos, por excelencia, los profesionales habilitados para argumentar formalmente ante el Estado y sus instituciones. Esta prerrogativa conlleva la responsabilidad de representar los intereses colectivos, de visibilizar las necesidades sociales que justifican la creación, reforma o defensa de normas, y de denunciar las omisiones del Estado en su obligación de garantizar los derechos fundamentales. Desde esta perspectiva, el ejercicio de la abogacía no puede reducirse a la defensa de intereses particulares desligados del bien común.

Esto no significa desconocer la importancia de preparar profesionales capaces de responder eficazmente a las demandas del sector empresarial o a las complejidades del entorno globalizado. Pero sí implica reconocer que toda práctica jurídica debe enmarcarse en los principios del Estado democrático y del respeto irrestricto a la dignidad humana. La función social del derecho exige una abogacía consciente, crítica y comprometida con la justicia como valor rector.

En este contexto, la mediación emerge como una de las herramientas más significativas de esta “nueva abogacía”: una abogacía no adversarial, centrada en el diálogo, la reparación, la reconciliación y la reconstrucción del tejido social. Lejos de ser un simple mecanismo alternativo, la mediación representa una filosofía de intervención legal profundamente humana, que promueve la cultura de paz y empodera a los ciudadanos para ser partícipes activos en la resolución de sus propios conflictos. Incorporar la mediación en la formación jurídica no es solo una estrategia técnica; es un acto de coherencia ética con los valores de justicia social.

Desde la Licenciatura en Derecho de la Universidad de Montemorelos, asumimos este compromiso con convicción. Nuestra propuesta educativa integra una visión integral del derecho, orientada al servicio, la equidad y la responsabilidad social. Promovemos metodologías activas centradas en el estudiante, el desarrollo de competencias ético-profesionales, y el fortalecimiento de una identidad jurídica con propósito. El estudio del derecho no es para nosotros una acumulación de normas, sino una oportunidad de formar agentes de cambio que respondan, con excelencia y sensibilidad, a los desafíos del mundo contemporáneo.

Porque como señala Gómez, los docentes debemos ser esos “sujetos diferentes” que eviten la producción de “abogados dron” y promuevan el pensamiento libre, creativo y comprometido.

En este contexto, te comparto algunas propuestas concretas para consolidar esta visión transformadora de la educación jurídica:

  • Superar la falsa dicotomía entre teoría y práctica, integrando la enseñanza del derecho con un enfoque ético, epistemológico y contextualizado, que evite una formación técnica despersonalizada.
  • Fomentar una filosofía personal del derecho en cada estudiante, propiciando el análisis crítico de dilemas reales y una toma de posición reflexiva ante los desafíos profesionales.
  • Transformar las prácticas pedagógicas, dejando atrás modelos autoritarios y memorísticos para abrazar una enseñanza basada en la problematización, el diálogo, la experiencia y la construcción colectiva del conocimiento.

En este Día del Abogado, más que celebrar títulos o privilegios, celebremos el poder transformador del derecho cuando se ejerce con integridad, compasión y sentido de justicia. Que nuestra labor como juristas contribuya a sanar los quiebres sociales, a promover la paz y a dignificar al ser humano en toda circunstancia.

Uriel Suárez

Autor
Profesor en la escuela de Derecho, Universidad de Montemorelos.
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