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Es uno de los recursos naturales más importantes para nuestra supervivencia y NO ES RENOVABLE.

Hace aproximadamente 40 años atrás, se analizaron datos de la incidencia de suicidio y homicidios en varios condados en el estado de Texas (EEUU). Se llegó a publicar un artículo entre una universidad de California y otra de Venezuela, encontrando una asociación interesante entre los niveles bajos de litio en el agua potable (de 70–170 I~g/L). El litio se usa en el trato de manías, bipolaridad y depresión, en pacientes que sufren de signos y síntomas de salud mental. El argumento presentado en la publicación, trajo a la luz las propiedades nutritivas subestimadas del agua y los riesgos de no tener acceso a la misma calidad de agua. Riesgos personales con efecto en la población, un verdadero caso de estudio para los profesionales del ámbito salubrista.

En años recientes, algunos podrán recordar la historia de Flint (Michigan, EUA) y los niveles peligrosos de plomo que habían estado consumiendo los habitantes de esa ciudad. Fue un recordatorio trágico de las desigualdades que existen en cuanto a la salud en diferentes niveles socioeconómicos y códigos postales.

Posiblemente no consideramos las desigualdades profundas relacionadas con el acceso al agua potable. Tal vez, pocos sabemos lo que es vivir en algún lugar o situación donde el agua no está a la disponibilidad de girar un grifo. ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer si no tuviéramos agua potable en nuestra habitación?

Nos gusta pensar en el agua como un derecho humano. Después de todo, reconocemos al agua como un elemento natural y una necesidad humana que asociamos con bienestar y salud. Si bebemos nuestros 7–8 vasos al día, sentimos una especie de orgullo al poder completar una lista diaria de hábitos que nos van acercando a la salud y bienestar.

Consideremos que tan importante puede ser el agua en un día rutinario:

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  • Consumo al despertar
  • Uso de la regadera e inodoro
  • Uso para plantas y mascotas, en algunos casos
  • Uso para preparación de alimentos (lavar y cocinar)
  • Uso para aseo de cocina
  • Cepillado de dientes y aseo personal
  • Llenado de botellas y termos antes de salir de la casa

Y eso puede ser solo antes de salir al trabajo, en las primeras horas de la mañana. Pero, ¿qué pasaría si, al despertar, descubrimos que no tenemos agua? Nos gustaría pensar que es un recurso constante. Solo basta con experimentar una emergencia y ver el suministro interrumpido, para hacernos reaccionar y entrar en un estado de supervivencia.

¿Alguna vez has considerado el lujo que es poseer acceso al agua las 24 horas del día? Entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, encontramos el Objetivo #6: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos.

Según datos de la UNICEF y la OMS, 1 de cada 3 personas en el mundo no tiene acceso al agua potable. Además, declaran: “Alrededor de 2.200 millones de personas en todo el mundo no cuentan con servicios de agua potable gestionados de manera segura, 4.200 millones de personas no cuentan con servicios de saneamiento gestionados de manera segura y 3.000 millones carecen de instalaciones básicas para el lavado de manos.” Tratemos de imaginar la cantidad de veces que hemos escuchado las palabras “lavado de manos” en el último año. Nos causa dificultad tratar de entender que existen miles de millones de personas que no pueden seguir las indicaciones de sanitización para evitar la propagación de la Covid-19. Simplemente no tienen los recursos.

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La ONU declara que debemos actuar para poder cumplir con las metas de los 17 ODS para el año 2030. Hoy, 22 de marzo, se celebra el Día Mundial del Agua, recordándonos que ahora más que nunca debemos de reflexionar y actuar. Tenemos un trabajo que se debe de realizar en todos los ámbitos y a favor de los más necesitados. Pensemos en cómo vamos a crear nuevas oportunidades y entornos que puedan empoderar a los más desafortunados para que puedan tener este valioso elemento que sostiene la vida.