¿Cómo supo que esto era lo que necesitaba?
Lis se había acabado todo el dinero que tenía y no sabía cómo le haría para comer al día siguiente.
Lis o flaca, como la conocen sus colegas y amigos con cariño; una alegre tabasqueña que llegó por primera vez a la Universidad de Montemorelos (UM) hace 18 años para estudiar la Preparatoria, con una maleta, 500 pesos, mucha disposición para salir adelante pero con gran necesidad económica. Aunque no tenía los recursos para costear su proyecto educativo y en contra de las creencias de su padre sobre el papel de la mujer en la sociedad, Lis decidió que sería una profesional al servicio de Dios y gracias a la influencia de dos colportoras, decidió venir a la UM.
Pasados algunos días desde su llegada, Lis se había quedado sin recursos y para el viernes de noche ya no tenía qué comer ni sabía cómo le haría los siguientes días. Mientras pensaba y oraba para solucionar eso, la llamaron a la entrada de la residencia estudiantil donde vivía. Al llegar, le entregaron un bolsa con algunos alimentos que una maestra, que había conocido unos días atrás, le había dejado… pero ¿Cómo supo que esto era lo que necesitaba? se preguntó Lisandra consternada y agradecida, ya que ella no había compartido con nadie su situación.
Como esta, Lisandra vivió miles de experiencias más en su etapa como estudiante de preparatoria y luego estudiando la carrera en Comunicación y Medios (también en la UM), pero nunca olvidó el gesto de esa maestra y decidió que ella también podía ser de bendición para otros y que debía estar atenta a las necesidades de los demás e intentar ayudar. Y así lo hizo: cuando pudo, compartió su propio plato de comida con amigos que no tenían, o artículos de aseo y víveres que le regalaban.
Ya graduada, como profesional empleada en la UM, agradecida por la providencia de Dios hacia ella a través de muchas personas que le tendieron una mano amiga, Lisandra ha tratado de replicar esas bendiciones con jóvenes que pueden estar pasando por la misma situación.
En el 2021, al escuchar de algunos alumnos que batallaban para completar sus comidas del día, Lis decidió hacer un esfuerzo económico y organizar un almuerzo cada sábado para los chicos. Poco a poco se fue corriendo la voz entre los mismos estudiantes que conocían a otros con la misma necesidad y el grupo creció, de cuatro a 25–30 jóvenes cada sábado.
Para sostener este proyecto, Lisandra contactó a algunos profesores y miembros del personal de la UM para que se unieran colaborando con algún alimento o recursos para comprarlos, y así ha crecido y se ha mantenido este ministerio. Con este ministerio Lis desea que el sábado se convierta en un día muy especial para los chicos, así como lo eran para ella en su hogar natal donde los sábados significaban compañía, amor y rica comida.
Además de alimento, Lis intenta hacer lo que un día aquella maestra hizo por ella: estar atenta a las necesidades y escuchar la voz de Dios cuando pone en su corazón el deseo de apoyar de alguna manera a un estudiante. Así que a veces les ha obsequiado ropa, despensa o artículos para el cuidado personal.
En una ocasión, sintió el deseo de darle a algunas chicas jabones de baño y otros artículos de aseo. Al recibirlos, una de las estudiantes le hizo la misma pregunta que ella se había hecho hacía 18 años: “Profa, ¿Cómo supo que esto era lo que necesitaba?”.
Para Lisandra, esas palabras siguen siendo el recordatorio de los milagros que ella misma experimentó y reafirman el propósito de su ministerio, esperando que algún día estos alumnos repliquen con otros estas bendiciones.
Desde el 2016 Lisandra es parte del equipo de Comunicación Institucional de la Universidad y desde ese nicho, con mucha disposición, aporta en el cumplimiento de la Misión.






