Dolor, adversidad, sufrimiento, incertidumbre… Son palabras que tratamos de evitar, pues representan situaciones en las que no nos gusta estar. Principalmente en estos tiempos de covid, hay un sabor generalizado de adversidad que abruma a la mayoría de la sociedad. Y ¿qué pasa? Casi como una reacción automatizada, escondemos los sentimientos y pretendemos que todo está bien.

Hoy, quisiera invitarte a ver estas situaciones de manera un poco diferente, mediante 3 pasos que nos ayudarán a sobrellevar estas adversidades e incluso poder convertirlas en oportunidades:

1. Interpretación: Vivimos en un mundo de constante movimiento. Suceso tras suceso pasa y se desarrolla frente a nosotros e inmediatamente le damos una interpretación personal al suceso. Por ejemplo, soy despedido de mi trabajo y mi interpretación muy probablemente será alguna de estas:

a. Mucha gente se está quedando sin trabajo, ahora me tocó a mí, saldré a buscar otro trabajo.

b. La compañía la trae contra mí y no me quieren, ¿Qué haré ahora?

c. Siempre he querido tener mi propio negocio y ahora es la oportunidad de hacerlo.

d. Soy un bueno para nada, jamás conseguiré trabajo de nuevo.

No pretendo decir cuál de estas opciones es la correcta, pero sí puedo decir que el plan de acción que se va a desarrollar a partir de cualquiera de estas interpretaciones, será muy diferente una de la otra. Wayne Dyer, escritor americano, solía decir “Cambia la manera de ver las cosas, y las cosas que ves cambiarán.”

2. Evaluación: Esta es una etapa más personal. Los eventos que pasan pueden o no afectarnos a nosotros. Una vez que interpretamos, debemos evaluar la magnitud en la que el evento nos afecta o no. ¿Qué significa para mi? ¿Cómo me va a afectar? Con la interpretación del evento le dimos nombre, ahora le daremos significado. Aquí es donde la adversidad toma relevancia. Para poder hacerle frente al dolor, adversidad y sufrimiento, debemos aceptar que estamos en una situación dolorosa, adversa: Perdí el trabajo, tengo una enfermedad terminal, mi cónyuge me está dejando, fracasé en un proyecto… Hay que poder aceptar la situación en la que estamos y esto solo se consigue si la evaluamos. Debemos tomar tiempo para reflexionar y aceptar nuestra condición actual. Debemos poder darnos tiempo de hablarlo y pedir opiniones de personas que nos quieran ayudar, el psicólogo Freud dijo “Lo que no se habla, se actúa” y no queremos actuar sin haber entendido y evaluado toda nuestra situación actual. Solo haciendo esto, estaremos preparados para crear un plan de acción, nuestro siguiente punto.

3. Acción: Nuestro plan de acción va a estar basado completamente en la interpretación que le hemos dado al evento y la evaluación que hemos hecho de él. Debe responder a nuestras necesidades específicas y que nos encaminan a sentirnos mejor.

Te invito a buscar en tu Biblia el pasaje de Lucas 23:42–44. La situación del criminal que estaba siendo crucificado junto a Jesús pudo haber tenido varias interpretaciones. Él pudo haber hablado de la injusticia de haber sido condenado, pudo haber evaluado su situación de tal manera que ya no tenía caso hacer algo, que cualquier acción ya no tuviera sentido. Pero este criminal interpretó el evento, lo evaluó de tal manera que le permitió -aún en su condenación a muerte- alcanzar algo aún mayor, la vida eterna.

No podemos controlar los eventos que pasan a nuestro alrededor, pero sí podemos controlar la manera en que los interpretamos, evaluamos y actuamos. El dolor, sufrimiento e incertidumbre, son parte de vivir en este mundo; nos va a pasar, pero debemos recordar que nosotros tenemos una esperanza que sobrepasa todas estas adversidades. Interpretemos, evaluemos y hagamos conforme a nuestra cosmovisión de que vivimos en el centro de un conflicto cósmico entre el bien y el mal, pero también tengamos presente que este conflicto ya lo ganó Dios y que muy pronto, a pesar de estas adversidades, vendrá otra vez por nosotros y el dolor se acabará para siempre. “Dios no ha prometido librarnos de las dificultades, pero sí ha prometido librarnos del temor”, Ismael Castillo.

“No tenemos nada que temer del futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada.” — Notas Biográficas de Elena G. de White, 216 (1902)