Atendiendo la salud bucal, desnutrición y evangelismo en Angola — parte I
Miguel Obed Rodríguez, cirujano dentista, y Maydi Díaz, enfermera, una pareja que decidió servir a Dios en un país africano más allá de su profesión.
En 2012, Miguel inició un viaje que cambiaría para siempre su vida y la de cientos de personas a miles de kilómetros de su país, México, y la de Maydi, quien se unió a esa aventura un año después, como su esposa.
Diez años después, un centro médico, dos hijos angoleños, portugués, y un montón de experiencias, los hemos entrevistado y esto nos contaron.
Cuando Miguel terminó su servicio social como cirujano dentista de la Universidad de Montemorelos, fue invitado para ir como misionero al país africano de Angola, conocido por su déficit, entre otras cosas, de dentistas. Para tener una idea, hay trescientos o menos odontólogos en todo el país, que tiene una población de más de 30 millones.
Miguel aceptó el desafío y decidió ir a servir por un año. “Yo lo quise hacer en forma de agradecimiento a Dios por las múltiples bendiciones que recibí de su parte durante toda mi carrera”, comenta Miguel.
Durante ese tiempo algunos de los proyectos se realizaron, otros no, por diferentes razones. A finales de ese mismo año Miguel volvió a México y se casó con su prometida Maydi.
Pasaron solo unos pocos meses, cuando Miguel recibió nuevamente la invitación para ir a Angola, esta vez con su recién formada familia, para iniciar el proyecto de una clínica dental.
Como familia lo discutieron y decidieron ser una familia misionera en Angola por dos años máximo… que luego se transformarían en nueve.
Un Centro Médico Adventista en Angola
Maydi se encontraba en la última etapa de su carrera y le faltaba realizar el servicio social, así que se hicieron los arreglos para que lo pudiera hacer en el lugar donde llegarían, una pequeña clínica en la que, nos cuenta Maydi, para ese entonces quienes atendían a los pacientes no eran médicos sino enfermeros técnicos.
“Como enfermera me tocaba hacer consultas médicas y a veces daba atención en mi área de enfermería. En el 2013 era muy difícil tener acceso a médicos angolanos o extranjeros, la necesidad era grande y no había en ese momento”, explica Maydi.
Maydi fue jefa de Enfermería de esa pequeña clínica por tres años, fue asistente dental, apoyó en la gestión de equipamiento y suministro de medicamentos, e incluso cuando se obtuvo la primera ambulancia ella fue la conductora.
Esta clínica tampoco contaba con un área Dental para atender la alta demanda de pacientes con necesidades de este tipo, por lo que de las primeras acciones de Miguel al llegar a este lugar fue dar inicio a esa área de atención. Para esto, se consiguieron equipos donados por la organización sin fines de lucro Asociación Nacional de Dentistas Adventistas del Séptimo Día (NASDAD por sus siglas en inglés) de la Universidad de Loma Linda, California.
Además, como Miguel ya conocía el contexto del lugar a donde iban a llegar, se fue preparado con un equipo portátil de odontología para dar atención mientras llegaban los equipos y se instalaban.
“Actualmente la clínica cuenta con 3 sillones dentales y un laboratorio de prótesis, la parte de porcelana para procesamientos de coronas y también libre de metal”, cuenta Miguel.
Esta clínica, que aún ni tenía nombre, tenía muchas necesidades de tipo legal y administrativo, así que Miguel, que además de ser odontólogo tenía formación en finanzas, pasó a ser también el director general de la clínica y empezaron los procedimientos para dar de alta a esta pequeña clínica y darle nombre de Centro Médico Adventista de Huambo.
“Además de la atención diaria en el Centro Médico, realizamos brigadas médicas prácticamente gratuitas una vez al mes y tuvimos un programa activo por tres años consecutivos de campaña de cirugías de cataratas junto a otros médicos, como el Dr. Eustace Penniecook, que también llegó allá por parte de la Universidad con proyectos misioneros específicos”, comenta Miguel.
“En estas brigadas se ofrecía atención en odontología, medicina general, enfermería, farmacia, esterilización, y cuando íbamos a otra provincia, a veces se incluían otras áreas más. Pero el problema es que llegaba mucha gente y no dábamos abasto, entonces teníamos que controlar el número de personas que recibíamos para que la gente no se enojara y poder atenderlos. Se atendían grupos máximos de 100 a 150 por día, algunas veces terminamos hasta la noche”, agrega Miguel.
Durante todo ese tiempo de gestiones y crecimiento, esta pareja de misioneros y demás colaboradores tuvieron que enfrentar importantes desafíos. Obtener material de calidad a través de donaciones y lograr que llegara desde el extranjero, hacer llegar coronas hechas en la Universidad hasta el Centro Médico, y realizar otros trámites fueron problemas que enfrentaron, pero que al mismo tiempo fueron un canal para que se toparan y conocieran personas claves que, además de ayudar a resolver estas situaciones, ayudaran en la obtención de una donación de una ambulancia cero kilómetros totalmente equipada y otras bendiciones para el Centro.
Actualmente, comenta Miguel, el Centro Médico es uno de los más posicionados en el área dental y como Centro. Pero una de las cosas que destacan, agrega Maydi, es la percepción de los locales.
“En una ocasión un paciente me dijo: ́ Doctora, esta clínica es diferente, cuando uno entra aquí se siente hay una paz y una tranquilidad ́; e incluso hasta pedían que oráramos con ellos porque en el Centro siempre había oración y eso la hacía diferente”.
El problema de la desnutrición
Según nos cuentan Miguel y Maydi, aunque en Angola se trabaja mucho la agricultura, no hay educación en cuanto a alimentación balanceada y los índices de desnutrición son altos, especialmente en niños, porque tienen una alimentación baja en calorías y proteínas. Por eso, iniciaron un plan para apoyar a las comunidades donde este problema estuviera más arraigado, y así llegaron a la comunidad de Desvío de Bongo.
Hicieron un sondeo para conocer la cantidad de niños en la comunidad e iniciaron un plan que incluía control de peso, desparasitación, apoyo en la alimentación y educación en nutrición adaptado a sus posibilidades y los alimentos a los que tienen acceso. Además, se consiguió la donación de medicamentos y multivitamínicos por parte de farmacias locales.
“Se desparasitó a toda la comunidad”, cuenta Maydi, “y las mamás hasta tenían miedo porque los niños estaban expulsando los parásitos. Algunas incluso me decían que ya no le querían dar más medicamento”.
“Después de desparasitarlos tomamos el control de peso de cada uno de ellos e iniciamos también a enseñarles sobre higiene, el lavado de manos, el baño, la importancia del agua, y aunque allá es muy escasa hay unos pozos especiales y de allí se puede sacar el agua”, relata Maydi.
Los aldeanos aprendieron a hacer leche de soya y la probaron por primera vez, y aprendieron a hacer ciertas recetas con los alimentos que tienen a la mano.
Como parte del plan, se les dio desayuno a los niños por un periodo de tres meses y, cuenta Maydi, “fue un éxito ver el aumento de peso que tuvieron, desde 400 gramos por semana, la actitud de los niños también cambió mucho. Fue una aldea muy bendecida cuando se realizó este proyecto”.
Esta historia no termina aquí. Hay otros milagros que experimentó esta familia, ahora de cuatro, durante sus nueve años de misioneros, que te contaremos en la segunda parte. Espérala pronto.
Maydi y Miguel tuvieron dos hijos, Obed David y Miguel Ángel, que nacieron en Angola. Actualmente, Maydi es docente en la Escuela de Enfermería de la Universidad de Montemorelos y Miguel realiza una maestría en Prostodoncia en la Universidad Autónoma de Nuevo León y próximamente graduará de la Maestría en Finanzas de la UM.






