Amor, la mejor estrategia de enseñanza
Un grupo de primaria conflictivo se transformó en uno que refleja su amor por Dios, gracias a la influencia de su maestra.
“La más grande comisión que tenemos como maestros es ser un reflejo de Cristo y un instrumento para que nuestros alumnos lo conozcan”, piensa Mariela Colmenero luego de experimentarlo durante un año en Bahamas.
Recién egresada de la carrera de Educación Primaria, en agradecimiento a una familia de ese país caribeño que había financiado su último año escolar, Mariela, una joven mexicana, aceptó la invitación a servir como misionera en la escuela Long Bay School de la Iglesia Adventista en Bahamas.
“Acepté esta invitación para ser un instrumento de bendición en este lugar, con los niños y la comunidad”. Y así fue. Llegó en agosto de 2021 con el panorama incierto de un país que aún no se recuperaba por completo de la devastación del Huracán Dorian (2019) y en medio de una pandemia. Además de ayudar en la limpieza y acondicionamiento de algunos espacios de la escuela que no se habían podido restaurar aún desde el huracán, también le fue asignada la clase de español para los niños de primaria.
A días de iniciar el curso escolar la escuela se quedó sin maestro titular para el grado de primero de primaria, que además, era un grupo particularmente desafiante y al que los maestros preferían evitar. Sin embargo, y a pesar de no manejar bien el inglés -idioma oficial de Bahamas- Mariela asumió el reto y aceptó ser la maestra de este grado además de dar las clases de español a todos los grados.
“No poder comunicarme al cien por cierto con los niños fue un reto grande desde que llegué, pero el Señor me enseñó que la mejor manera de enseñar es el amor, y ese fue mi único medio de comunicación”. Mariela les enseñó versículos en español e inglés, cantos con ademanes y como salón aprendieron a abrazarse durante los momentos de oración. “Primer grado pasó de ser conocido como un salón desobediente a uno que amaba a Dios”.
“He querido seguir el ejemplo del Maestro de maestros, y enseñar con amor. Dios nos llama a ser obreros para que en nuestros trabajos, actividades cotidianas e incluso pasatiempos, podamos compartir el amor de Dios”.
Este proceso de transformación y crecimiento personal y en su salón de clases llenó el corazón de Mariela, y aún cuando el tiempo estimado de su estadía era de un año, ha decidido quedarse a servir un año más.






