¿Y si Dios también enseñara desde la cocina?
Nutrición, educación y fe como un mismo llamado al cuidado de la vida.
¿Te has imaginado alguna vez a Dios cocinando? Puede parecer una pregunta inusual y, para algunos, incluso incómoda. Sin embargo, al leer la Biblia aparece un Dios profundamente cercano a la alimentación y al cuidado de la vida. Un Dios que creó los árboles frutales y las semillas, que diseñó el cuerpo humano con la capacidad de nutrirse, que proveyó alimento en tiempos de escasez, dio al ser humano la tarea de cultivar la tierra y permitió que José administrara la producción de todo un país. A través de Jesús, incluso, multiplicó los alimentos para saciar a multitudes. Desde esta perspectiva, la alimentación no es un tema ajeno a la fe, sino parte del cuidado integral de la vida.
Desde mi punto de vista, la nutrición y la alimentación son áreas que Dios ha permitido para darse a conocer. No solo porque sostienen el cuerpo, sino porque enseñan orden, responsabilidad y cuidado. En ese sentido, la nutrición no es un asunto menor ni meramente técnico. Elena G. White lo expresa con claridad al afirmar que “el conocimiento relativo a la preparación de productos alimentarios saludables es la propiedad de Dios y ha sido confiado a los hombres para que lo compartan con sus semejantes” (Elena G. White, Consejos sobre salud). Este conocimiento ha sido transmitido a lo largo del tiempo a cocineras, familias, pueblos, culturas y profesionales, como un medio para bendecir a otros y cuidar la vida.
La nutrición es mucho más que un plan alimentario o la prohibición de ciertos alimentos. Su eje central es la educación. Formar personas con principios sólidos, criterio y responsabilidad es indispensable para orientar el cuidado alimentario en etapas clave como el embarazo, la lactancia, la infancia temprana y la etapa preescolar. Lo mismo ocurre a lo largo de todo el ciclo de vida. Bebés, niños, adolescentes, adultos y adultos mayores necesitan orientación clara y acompañamiento profesional que promueva la salud, prevenga la enfermedad y apoye los procesos de restauración que Dios permite.
Los hospitales, las consultas, los centros de influencia y los hogares de personas enfermas requieren del conocimiento nutricional para mejorar la salud y la calidad de vida. Incluso quienes cuidan a otros necesitan desarrollar habilidades culinarias y hábitos saludables que les permitan trabajar diligentemente, de la mano de Dios, en la restauración del cuerpo como templo de Cristo. En este escenario, los nutriólogos clínicos cumplen un papel clave, no solo desde la consulta, sino desde la educación cotidiana.
De igual manera, se necesitan servicios de alimentos, restaurantes y espacios comunitarios que ofrezcan opciones nutritivas, accesibles y coherentes con principios de salud. Profesionales capacitados en el uso de alimentos vegetales, frescos, de temporada y de la región pueden influir no solo en lo que se sirve en un plato, sino en la educación alimentaria de quienes preparan los alimentos y de quienes los consumen. Cada espacio de alimentación se convierte así en una oportunidad de cuidado, testimonio y servicio responsable.
También es indispensable la labor de los profesionales en nutrición que atienden problemáticas de salud en contextos escolares, laborales y comunitarios, así como de aquellos que participan en el diseño de reglamentos, políticas y legislaciones alimentarias. Su función es facilitar el acceso a información clara, veraz y libre de intereses que confundan o perjudiquen a las personas.
Así como Jesús recorría pueblos y comunidades llevando sanidad, los profesionales en nutrición que trabajan de la mano con la comunidad son una bendición al identificar riesgos, educar y atender problemáticas como la obesidad, la diabetes, la hipertensión o la anemia, muchas de ellas directamente relacionadas con los hábitos alimentarios.
La nutrición emergente, que incluye la innovación de productos saludables, las ciencias ómicas aplicadas a la alimentación y la investigación desarrollada con principios éticos, representa también un campo en crecimiento. En estas áreas, la educación vuelve a ser fundamental para traducir la ciencia en decisiones prácticas que beneficien a las personas.
Si bien las áreas profesionales de la nutrición son diversas, el principio educativo permanece. Mi deseo es que toda persona tenga acceso a un nutriólogo que le enseñe, le acompañe y le ayude a comprender la importancia que la alimentación tiene en el cuerpo y la mente. Y, al mismo tiempo, que cada persona asuma su parte de responsabilidad.
Si creemos que el cuerpo importa para Dios, ¿por qué ignoramos las indicaciones que buscan cuidarlo y seguimos eligiendo hábitos que nos enferman?
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






