Un llamado con los más altos estándares
Muchas veces, menospreciamos a los que sirven, pero una vida de servicio es lo que todos debemos buscar.
Vivimos en una época en la que tomar postura ante cualquier cosa, muy posiblemente ofenderá a alguien. Se considera virtud el reconocer que uno no sabe nada. Se considera ignorante al que tiene convicciones sobre casi cualquier tema. Se confunden las convicciones con ataques hacia los que no estén de acuerdo con las convicciones de una persona. Ahora, no quiere decir que usemos nuestras convicciones para menospreciar a los que no creen igual que nosotros, pero, creo que se ha llevado a un punto en el que ahora la gente se siente incómoda de construir convicciones propias sobre temas importantes, tales como la fe, esperanza, amor, etc.
En el capítulo 6 del libro de Hechos, se relata la historia de la elección de siete diáconos. Es vigorizante imaginar la selección de estos diáconos, las cualidades que poseían y la razón por las que fueron escogidos:
- Buen testimonio: Personas con buena reputación, que se les conozca como buenas personas.
- Llenos del Espíritu Santo: Personas que evidencien su relación con Dios. Que su primera prioridad sea tener una relación real, tangible y diaria con Dios. Que reconozcan su debilidad humana y se refugien en el poder de Dios.
- Llenos de sabiduría: Este punto, me parece que es el más controversial. Obviamente la sabiduría que se habla aquí tiene que ver con la capacidad de discernimiento en temas con relación a la misión de la iglesia. Eran personas que se preocupaban por saber, no solo fundamentar sus convicciones en lo que escuchaban, sino se daban a la tarea de adquirir conocimiento por ellos mismos.
Estas personas fueron escogidas principalmente para el servicio. Muchas veces, menospreciamos a los que sirven, pero aquí se nos enseña que una vida de servicio es un llamado con los más altos estándares. El servicio a otros, especialmente a los más vulnerables, en este caso a las viudas, no se puede tomar a la ligera. El servicio no es para aprovecharse de los débiles, por eso debían ser buenas personas. El servicio debe reflejar el carácter de Cristo, por eso debían estar llenos del Espíritu Santo. Y, el servicio debe ser sensible hacia las necesidades del que se está sirviendo, por eso debían ser sabios y entendidos.
Destaca un diácono por nombre Esteban. El servicio de este hombre no se limitaba a la comunidad cristiana, también compartía su testimonio de Cristo con quien pudiera. Sus convicciones eran tan fuertes que no podía estar de espectador en cuanto a la realización de la misión. Su puesto de servicio no lo limitó para compartir su fe con autoridad y conocimiento.
Esto quiere decir que no importa el puesto que desempeñemos, construir nuestras convicciones y nuestro entendimiento es trabajo de todos. Uno nunca sabe cuándo Dios nos dará la oportunidad de compartirlo con otros, y cuando se presente esa oportunidad, debemos ser buenas personas, llenas del Espíritu Santo y sabios en la Palabra de Dios.
Editora: Laura Marrero y Brenda Cerón.






