Sumar misioneros para la proclamación bíblica de un mundo nuevo
“Rueguen, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”. Mateo 9:38
Minerva Barrera viajó a Puerto Rico para ayudar con sus conocimientos de nutrición en la Universidad Antillana Adventista de Mayagüez y así, en 1993, se convirtió en la primera estudiante misionera voluntaria que dejaba México para ayudar en otro país.
Samira Gil aceptó pausar sus estudios universitarios por un año para ayudar a la “Perla del Asia”, proyecto que compartiría el evangelio con miles de personas en Kirguistán, Kazajistán, Turkmenistán y otros países de Asia Central.
Arely Santos viajó hasta Angola, específicamente a Huambo, para ayudar en el Centro Médico Adventista. Aunque fue para servir como odontóloga, al ver tanta necesidad entre las mujeres, implementó un programa de emprendimiento para las mujeres viudas.
Zabdiel Brígido cambió su residencia en México por Guinea Ecuatorial para ayudar en el Colegio Adventista de Malabo como maestro de Biblia y capellán. Al estar allá, el mundo entró en contingencia por la pandemia Covid-19, pausando las clases, por lo que ayudó a resolver asuntos contables, a pesar de que su formación era en el área de Teología.
Marcela Mata está en Chad, aceptó ir tan pronto se graduó de Terapia Física y Rehabilitación. Aunque su estancia duraría sólo un año, la necesidad de la gente ha hecho que este sea ya su tercer año.
Así como ellos, más de 300 jóvenes han tomado la decisión de pausar sus estudios o, en algunos casos, de abandonar su trabajo para dedicarse al servicio misionero, propósito que la Universidad ha modelado y promovido desde sus orígenes.
Minerva, de quien hablamos al principio, siempre será recordada en la historia de las misiones de la universidad al haber sido la primera estudiante misionera voluntaria, luego de que se empezaran, en 1992, esfuerzos específicos para que los estudiantes vivan esta experiencia mundial de servicio al prójimo.
Para lograrlo, se creó una oficina de extensión del Servicio Voluntario Adventista con la intención de promover el servicio, pero también de facilitar el proceso y asesorar a los jóvenes en esta importante decisión.
Son tantas las necesidades que se viven alrededor del mundo
–Y les decía: “A la verdad, la mies es mucha pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Lucas 10:2, (versión Reina Valera 2005) —
Y una de las formas en que la universidad se ha comprometido a darlas a conocer es mediante los Festivales de Misiones, los cuales -en sus versiones más recientes- incluyen un curso de misión transcultural, así como historias de ciertas partes del mundo en el que es difícil compartir la esperanza de un mundo nuevo por medio de Jesús. Hasta el 2022, se han celebrado 24 y, gracias a estos esfuerzos, muchos se han comprometido a ser parte del avance de la obra de la Iglesia Adventista, que es compartir la esperanza que Jesús nos da de un mundo totalmente nuevo y sin dolor.
Por otro lado, para seguir empatizando con tanta necesidad y conocer más sobre los desafíos que representa compartir a Jesús en distintos contextos y culturas, se creó un Instituto de Misiones que permite impulsar la promoción de la vocación misionera mundial, proporcionar capacitación misionera transcultural y ejecutar proyectos de investigación en el área de misiones.
Sin embargo, viajar no es la única forma de apoyar el servicio misionero. Hay muchos que por familia, trabajo o compromisos financieros, ya no pueden comprometerse a abandonar todo por un periodo largo de tiempo, por lo que se creó la ofrenda Ventana 10/40, la cual se recoge todos los sábados en la Iglesia Universitaria, y tiene el propósito de apoyar con recursos financieros a proyectos de evangelismo en diversas partes del mundo.
“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Mateo 28:18–20






