Rompe el silencio: el bullying no es una broma
El Día Mundial contra el Acoso Escolar, nos invita a reflexionar sobre el bullying y la urgencia de actuar para asegurar entornos donde cada estudiante se sienta seguro.
“El recreo era su peor momento. Apenas sonaba el timbre, sus compañeros lo rodeaban para burlarse de su forma de hablar. Nadie lo defendía. Algunos se reían, otros simplemente bajaban la mirada. Y él, con los ojos aguados y el corazón encogido, volvía a su salón deseando volverse invisible.”
Historias como esta ocurren todos los días, en muchas escuelas. Por eso, cada 2 de mayo se conmemora el Día Mundial contra el Acoso Escolar, una oportunidad para hablar, reflexionar y actuar frente a un problema que, lejos de ser pasajero, puede dejar huellas profundas y duraderas en la vida de quienes lo sufren.
El bullying no es un simple juego pesado ni una etapa que “ya pasará”. Es una forma de violencia real, persistente y dañina que, según datos del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, aumentó un 205% en 2025 respecto a 2019. El dato más preocupante es que este fenómeno también se incrementa en jóvenes universitarios, con un 21% más de reportes en educación media superior y superior.
En palabras sencillas, el acoso escolar ocurre cuando alguien, de forma intencional y repetida, lastima, excluye o intimida a otra persona. Puede ser físico, verbal, psicológico o social. Puede suceder en los pasillos, en las redes sociales o incluso en silencio, a través de miradas, burlas o ignorar sistemáticamente a alguien. Las razones detrás del bullying son múltiples: inseguridad, entornos familiares conflictivos, o contextos sociales donde la violencia se ha vuelto costumbre.
Pero el bullying no solo afecta a quien lo sufre. También impacta al agresor y a quienes, por miedo, indiferencia o falta de herramientas, observan sin intervenir. Todos se ven atrapados en una dinámica que, si no se rompe, puede escalar a consecuencias graves: ansiedad, depresión, aislamiento, conductas de riesgo e incluso pensamientos suicidas.
Sin embargo, vivimos una época de mayor conciencia social en la que hablar del bullying ya no es un tabú, pero la transformación empieza con la educación, la empatía y la intervención temprana. Es urgente que cada espacio educativo — desde el aula hasta los grupos en redes sociales — se convierta en un lugar seguro, donde cada estudiante se sienta respetado, escuchado y valorado.
Y esto es tarea de todos. Padres, amigos, compañeros y líderes educativos también juegan un papel crucial. Cuando una comunidad se une, se pueden construir ambientes donde las diferencias no separen, sino que enriquezcan, y donde el respeto sea la regla, no la excepción.
Como institución cristiana, también creemos que el amor al prójimo es la base de cualquier cambio duradero. Enseñar a ver al otro con compasión, a actuar con justicia, y a levantar la voz por quien no puede hacerlo, es parte de nuestra misión.
Porque el bullying no desaparece con el silencio. Se transforma con la acción.
Para este artículo la autora usó como referente a la Mtra. Cindy Álvarez, coordinadora del Centro de Orientación y Asesoría Educacional en la UM y la pasante de Psicología Clínica Vianey Cruz Chávez.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






