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Para la mamá más mala del mundo

A veces quisiera regresar el tiempo, pues ahora sé cuánta sabiduría tenían los regaños de mi madre.

Foto de Pulso Estudiantil
Foto de Pulso Estudiantil

Hoy se celebra el día de las madres en México, en algunos países de Centroamérica y en otros países del mundo (como Qatar, Malasia y Singapur). Este es un día especial, pues nos da la oportunidad de recordar y celebrar a esa persona especial que nos amó desde que estábamos en su vientre.

Quiero aprovechar esta celebración para contarte un poco sobre mi madre, Otilia de Alba Guzmán, una persona maravillosa que Dios puso en mi vida. Mi madre estudió en la Universidad de Montemorelos y egresó como secretaria contable; sin embargo, nunca ejerció su carrera pues, cuando se casó con mi papá (quién es profesor de vocación), decidió dedicarse por completo a su familia, acompañando a mi papá a donde lo mandaran a impartir clases. Siempre tuvo un espíritu de energía y era una mujer fuerte de carácter… digo que era porque, como muchas, ahora que es abuela se ha vuelto más “suave” con sus nietas.

“Ustedes no me temen, si me tuvieran miedo me obedecerían”, “Solo te lo voy a pedir dos veces, la tercera va chanclazo”, “¿Y si lo encuentro yo, qué te hago?” eran algunas de sus frases célebres. Con ellas me enseñó el respeto, la rápida obediencia y el esfuerzo, valores que me han ayudado hasta ahora. Y, aunque en su momento yo sentí que mi madre era muy dura conmigo, hoy sé que no sería lo que soy sin sus regaños y correcciones.

Otra cualidad de mi madre es que siempre ha mostrado una convicción inquebrantable, pues cuando fija su mirada en una meta no descansa hasta conseguirla, algo que agradezco enormemente pues su meta fuimos mi hermano menor y yo. Con el fin de lograr su objetivo mostró una firmeza y voz de mando mejor que la de un general; nunca necesitó regañarnos frente a los demás, pues si nos portábamos mal solo nos lanzaba una mirada suficientemente atemorizante como para mandarnos a sentar y orar para que se le olvidara lo que hicimos.

Cuando era pequeño, recuerdo que leímos en una matutina la reflexión titulada “La mamá más mala del mundo” (aquí está en video). Esta reflexión hizo que apareciera una nueva frase en mi madre: “Algún día me lo van a agradecer” y reforzó su ideal, por lo que fue más exigente y dedicada en nuestra educación.

Hoy puedo decir que la mejor institución de donde me gradué fue mi hogar, pues la escuela me enseñó a ser programador, pero mi madre me enseñó a ser barrendero, lavaplatos, cocinero, comerciante, lava carros, investigador privado, panadero, cantante, emprendedor, y mucho más.

Ahora, esta porción del artículo es para mi madre. El día ha llegado y te agradezco por todo lo que me enseñaste y por la forma en que me educaste, me mostraste el valor de las cosas del modo en que sabías que no se me olvidarían; me hiciste enfocarme en lo que de verdad importa y me enseñaste que para sentirme realizado en esta vida mi meta siempre debe ser mi familia. Lamento no haber apreciado tus consejos cuando te tenía todo el tiempo junto a mi, pero agradezco haberlo entendido mientras aún puedo escucharte a la distancia. Gracias por ser mi pilar de sabiduría y por mostrarme el camino para ser un buen esposo y, aunque todavía no tengo hijos, un buen padre. Hoy puedo decir que tu legado vive en mí y, algún día, quiero ser tan buen padre como lo fueron ustedes conmigo. ¡Gracias por ser la mamá más mala del mundo!

Si tu también eres de los que durante mucho tiempo pensó que tenía una “mala” mamá, pero al crecer entendiste todo lo que ella hizo por ti y aún tienes la fortuna de tenerla, aprovecha cada momento que tengas para estar con ella, agradecerle todo lo que hizo por ti y demostrarle tu cariño. No hay ninguna mamá perfecta, pero aún en sus imperfecciones son las personas que más nos amarán en todo el mundo.

Suriel García

Autor
Ingeniero en Sistemas Computacionales y desarrollador web de la Universidad de Montemorelos.
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