Manos que ayudan a soñar un futuro transformador
Gracias al servicio comunitario en la Escuela Primaria Anáhuac, los niños sueñan con una carrera universitaria.
En los desafiantes entornos de Rancho Escondido y la comunidad de El Bajío (en Montemorelos, Nuevo León), dos escuelas primarias -Anáhuac y la de El Bajío- están experimentando una revolución educativa gracias a la colaboración con la Universidad de Montemorelos (UM). La Escuela Primaria Anáhuac, liderada por la incansable Mtra. Angélica Treviño Becerra, y su contraparte en El Bajío, han sido el escenario de una transformación notable en la educación y el bienestar de los niños, gracias al apoyo sostenido de la universidad.
La Mtra. Treviño, quien ha servido en Anáhuac durante 13 años, enfrenta retos diarios desde lograr una asistencia regular de sus 25 estudiantes hasta mantener la infraestructura de la escuela prácticamente por sí misma. Sin embargo, la llegada de estudiantes y docentes de la UM ha inyectado una nueva vida en la escuela, ofreciendo programas de lectoescritura, música y clases de inglés, junto con mejoras físicas en la infraestructura escolar.
Este apoyo no solo ha mejorado la calidad de la educación, sino que también ha introducido a los niños a nuevos rostros y métodos de enseñanza, rompiendo la monotonía y elevando sus aspiraciones. Los exalumnos de Anáhuac, inspirados por estas experiencias, están trazando caminos exitosos en diversas profesiones, mostrando el impacto transformador de la colaboración.
La comunidad de El Bajío, por otro lado, ha sido parte de este esfuerzo conjunto por más de dos décadas, con la universidad contribuyendo significativamente a través del servicio comunitario. Los proyectos en El Bajío han incluido clases de música e inglés, además de esfuerzos para mejorar la infraestructura escolar con pintura, mantenimiento de áreas verdes y organización de la biblioteca. Estas actividades no solo han enriquecido la experiencia educativa sino que también han mejorado el entorno de aprendizaje para los estudiantes.
Un aspecto crucial de la colaboración en ambas escuelas es el enfoque en el aprendizaje práctico y la educación personalizada. Los niños de diferentes niveles educativos reciben atención según sus necesidades, permitiendo a aquellos con rezago académico avanzar mientras que los estudiantes más adelantados exploran temas más complejos. Además, las mejoras en las instalaciones como áreas de juego, bibliotecas y espacios para asambleas escolares, han creado un ambiente más estimulante y seguro para los estudiantes.
Este esfuerzo conjunto entre la Escuela de Música y la Facultad de Educación, así como de las escuelas de Anáhuac y de El Bajío, es un ejemplo poderoso de cómo la educación superior puede extender su influencia más allá de los límites del campus para generar un cambio positivo en comunidades necesitadas. La dedicación de los docentes y estudiantes universitarios no solo está cambiando el panorama educativo en estas comunidades, sino que también está sembrando la semilla de un futuro más prometedor para cada niño.
En última instancia, la historia de estas dos escuelas refleja que el poder de la educación para transformar vidas trasciende las barreras y desafíos. Con cada clase impartida y cada pincelada en un mural, la UM está ayudando a redefinir lo que es posible para los niños de Anáhuac y de El Bajío, demostrando que la colaboración y el compromiso pueden crear un legado duradero de esperanza y progreso.
Si quieres saber más sobre el Servicio Comunitario de la Universidad de Montemorelos o te gustaría proponer un proyecto, ponte en contacto con el Dr. Roel Cea (roelxc@um.edu.mx) quien dirige la Universidad Promotora de la Salud.
Puede ver las fotos aquí.
Fuente: Angélica Treviño, reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Dámaris Salazar.






