Una historia por la que vale la pena morir contando

Actualmente, el periodismo es considerado uno de los oficios más importantes -y también uno de los más peligrosos- en México; por lo que un día como hoy, cuando se celebra el Día del Periodista en la República Mexicana, puede evocar sentimientos agridulces. Este día se celebra la libertad de expresión, pero también se recuerda a todos aquellos que por este mismo derecho perdieron la vida.

Un periodista que entiende la trascendencia de su profesión, lucha todos los días por conseguir la verdad y hacerla accesible a cuantas personas sea posible, para que las decisiones de los ciudadanos siempre sean informadas. Quienes logran ejercer un periodismo puro y hacen temblar los intereses particulares con la verdad, pueden causar conmoción por algunos días, semanas y meses, e incluso las historias que realmente destacan son citadas en algún libro o evento conmemorativo. Sin lugar a dudas, podemos afirmar que los periodistas, no solo en México, han hecho un aporte significativo en esta sociedad tan cambiante y muchas veces impermeabilizada por verdades disfrazadas.

Pero hoy, además de felicitar a quienes ejercen esta profesión, reflexiono en lo siguiente:

Cientos de periodistas han dedicado su vida e incluso la han perdido por narrar y dejar plasmada parte de la historia de este mundo y, con seguridad, todos en ese instante pensaron que era la noticia más importante del momento; que de seguro lo fue para algún aspecto económico, social o político de cualquier tipo. Pero ¿qué pasa si hablamos de la verdad más importante de la historia de la humanidad? Una historia que también han tratado de callar quienes se perjudican con su difusión; una noticia que, de ser difundida con la tenacidad que se esparce una noticia falsa (fake news), cambiaría radicalmente la vida de millones de personas…

Hablo de la verdad de una única esperanza para el mundo (Colosenses 1:5/2 Corintios 5:1–10), de la verdad de un Jesús que -además de morir por la humanidad- vendrá de nuevo por ella (Juan 3:16); no sin antes darle inagotables oportunidades (1 Pedro 2:24). Hablo de la historia de la redención que, lejos de ser ficción, es la más importante de las noticias (Romanos 3:24).

Dios es el autor mismo de esta gran verdad, pero ¿qué es una noticia sin alguien que la difunda? Solo datos, a veces sin sentido aparente, que se pierden en el mar de información que crece a cada segundo. Por lo tanto, Dios está a la espera de hombres y mujeres que se vistan con la valentía de un periodista y salgan a compartir esta primicia, empoderando a las personas a través de esta valiosa información. Solo así, las personas a nuestro alrededor serán capaces de tomar decisiones informadas para la eternidad (Colosenses 1:24–29).

En un día en que se conmemora a los profesionales que buscan la verdad en un mundo tan pervertido, es inminente un despertar de la conciencia en la búsqueda de la mayor de las verdades, de la única historia por la cual vale la pena morir contando.