Herederos 2025: una generación que camina por fe
Graduandos de la Universidad de Montemorelos comparten historias de fidelidad, perseverancia y propósito eterno.
La Universidad de Montemorelos vivió este fin de semana su ceremonia de graduación 2025, una experiencia cargada de emoción, gratitud y fe. Estudiantes, familias, docentes y autoridades se reunieron con un solo mensaje en común: Dios ha sido fiel.
Con el lema “Herederos”, la generación 2025 celebró la culminación de un trayecto académico y espiritual que, para muchos, solo fue posible gracias a la intervención divina en momentos de dificultad. A lo largo de los tres días de programación del 16 al 18 de mayo — con los programas de consagración y gratitud el viernes, adoración y escuela sabática el sábado, y colación de grados el domingo — los rostros de cientos de graduandos reflejaron la satisfacción de alcanzar una meta forjada con sacrificio, perseverancia y oración.
Uno de esos rostros fue el de Brissa Ruiz, graduada de Cirujano Dentista, quien recordó cómo, en medio de dificultades económicas, Dios abrió puertas inesperadas. Tras años de trabajo, becas, colportaje e incluso un viaje a Canadá en busca de recursos, enfrentó una deuda que parecía insuperable. “Recibí un correo que decía que no podría iniciar el servicio social… pero Dios tocó los corazones correctos”, relató. Un médico con quien trabajaba le entregó $100,000 pesos para abonar a su cuenta. “Él fue fiel. Nunca dejé de estudiar, nunca me faltó comida ni techo. Solo me quedan seis centavos de deuda, que espero me perdonen”, dijo entre sonrisas y lágrimas.
Historias como la de Brissa resonaron una y otra vez. Jonathan Gutiérrez, de Contaduría Pública, compartió cómo, desde un pequeño pueblo en las montañas de Chiapas, Dios respondió su oración con una frase inolvidable de su abuelita: “Aquí hay tres mil pesos. Vete a la universidad, pero vete ya”. Con ese pequeño impulso comenzó un viaje lleno de milagros que lo trajo hasta la UM. “Dios abre caminos donde no los hay. Este logro no es solo mío, también es tuyo, abuelita”, expresó conmovido.
No menos inspiradora fue la historia de Deanna Domínguez, quien a sus 61 años celebró su título universitario tras intentar culminar esta carrera en tres ocasiones. “Cuando Dios pone un sueño en el corazón, lo corona en su tiempo perfecto”, afirmó con serenidad. Su paso por la UM Virtual es testimonio de constancia, fe y de una comunidad que no distingue edades, sino que abraza vocaciones.
La diversidad también se manifestó en las raíces. Mildred Santiago, médico cirujano, habló de su origen en Oaxaca y cómo su familia, sin recursos, abrazó la educación adventista desde que ella era bebé. “Dios proveyó desde el inicio, y hoy mis padres celebran la graduación del último de sus cuatro hijos en esta universidad”, dijo, reconociendo a quienes la acompañaron y enseñaron el valor de pertenecer a la familia de la fe.
El mensaje fue claro: llegar a este día no fue producto del azar, sino resultado de caminar con propósito. Así lo vivió Belén Zamora, quien tras ser rechazada por universidades públicas en Ciudad de México, llegó a Montemorelos sin saber nada del colportaje ni cómo pagaría sus estudios. Cada decisión fue una entrega a la voluntad de Dios, incluso cuando implicó dejar el aula para regresar al servicio. “Dios proveyó una y otra vez. Hoy estoy aquí convencida de que ha hecho grandes cosas en mi vida”, afirmó.
La colación de grados, celebrada el domingo 18 en la Iglesia Universitaria, incluyó el otorgamiento de 341 títulos en el campus (64 de posgrado, 267 de licenciatura y 6 de Técnico Superior Universitario), además de 75 grados más en los centros de asesoría internacional de Angola, Venezuela y Rumania.
Uno de los momentos emotivos fue la entrega de la Medalla “Dr. José Eleuterio González” máxima distinción que otorga la UM a quienes han realizado contribuciones extraordinarias a la institución, a la Iglesia y a la comunidad. En esta ocasión fue otorgada a la maestra Greisy de Murillo, por su valioso legado en la educación adventista y la memoria histórica de la Universidad de Montemorelos y la ciudad.
En otros mensajes, como presidenta de clase, Betty Velásquez compartió un testimonio que sintetizó el espíritu de toda la generación. Llegó desde Colombia sin planes de estudiar, solo de casarse. Pero los planes de Dios fueron mayores. Enfrentó distancia familiar, desafíos económicos y culturales, y un colportaje que la llevó hasta Tecpatán, Chiapas, donde vio a dos jóvenes entregar su vida a Jesús. “Tal vez por eso el césped de esta universidad está tan reverdecido… por las lágrimas que muchos dejamos ahí”, expresó mientras invitaba a sus compañeros a abrazar a quienes los acompañaron y a reconocer públicamente la fidelidad de Dios.
A lo largo del fin de semana, en cada palabra, canto y oración, se repitió una certeza: los graduandos no llegaron solos. Con ellos caminaron padres, maestros, amigos, mentores… y, sobre todo, un Dios que no suelta la mano, incluso en medio del cansancio.
Una generación más ha sido enviada. Son herederos. Y ahora, también, portadores de esperanza.
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Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






