Estudiantes de la UM llevan su formación a comunidades indígenas en Costa Rica
Proyecto académico se convierte en experiencia misionera con impacto social y producción documental en zonas vulnerables.
“A veces damos las cosas por sentado… pero para ellos el tener agua potable, un baño o electricidad sería de muchísimo valor”, reflexionó Rocío Vásquez, estudiante de octavo semestre de Comunicación y Medios de la Universidad de Montemorelos (UM), tras su experiencia en comunidades con acceso limitado a servicios básicos en Costa Rica.
Su testimonio nace del contacto directo con una realidad que transformó su perspectiva al convivir con comunidades indígenas en zonas montañosas donde las carencias impactan la vida cotidiana y evidencian la importancia del trabajo misionero en áreas como la salud y los hábitos de vida.
En ese contexto, lo que inició como un proyecto académico —parte del programa integrador de la carrera y vinculado a materias como comunicación para el desarrollo social, narrativas audiovisuales y práctica profesional— evolucionó en una experiencia formativa más profunda resultando en un ejercicio real de servicio, aprendizaje y conexión humana.
Del aula al campo misionero
Durante diez días de marzo, un grupo de 11 estudiantes de la carrera de Comunicación y Medios, acompañados por tres docentes, viajó a Costa Rica para colaborar con el ministerio Alas de Vida, una organización que trabaja en áreas como salud, desarrollo comunitario y apoyo espiritual.
Su tarea principal consistió en producir un documental que visibilice el impacto del ministerio en comunidades como Carmona, Colorado y Grano de Oro.
“Los estudiantes documentaron las actividades… realizaron entrevistas, recopilaron testimonios y siguieron de cerca el trabajo misionero”, explicó David Guichard, egresado de la UM y actual director de Comunicación y Media del ministerio.
Pero más allá del producto audiovisual, el proyecto implicó integrarse a la vida cotidiana de las comunidades, desde acompañar a los misioneros, participar en actividades con niños, colaborar en iniciativas de salud y convivir con realidades muy distintas a las suyas.
Una experiencia que transforma la formación académica
Desde su concepción, el viaje fue pensado como una experiencia educativa integral. No se trataba solo de producir contenido, sino de responder a una necesidad en la formación de los estudiantes.
“Los alumnos nos piden más prácticas profesionales en escenarios reales”, señaló la Mtra. Ana Elisa, referente académico de la carrera.
El proyecto no solo cumplió con los requisitos académicos de cuatro asignaturas, sino que permitió a los estudiantes aplicar conocimientos en condiciones reales que fueron desde la planeación y gestión de recursos hasta la producción en campo y la resolución de imprevistos.
“No había señal… ellos tenían que resolver problemas”, explicó la docente, destacando el desarrollo de habilidades blandas como la comunicación interpersonal, la adaptabilidad y la toma de decisiones.
En campo, la teoría adquirió un nuevo sentido. Para Rocío, quien se desempeñó como productora del documental, la experiencia implicó asumir responsabilidad en condiciones complejas. “Era estar siempre pendiente de que todo se cumpliera… aprovechar al máximo cada toma… porque no teníamos luz y los equipos se cargaban solamente en la noche con un generador”.
Sin embargo, el aprendizaje no fue únicamente técnico. El contacto con las comunidades permitió comprender el impacto del trabajo misionero, especialmente en áreas de salud y educación.
“Ver cómo algunas personas, incluso un niño pequeño, decidieron cambiar hábitos muy arraigados en esas comunidades… por el trabajo de las misioneras… fue algo que me marcó mucho”, concluye Rocío.
Comunicar para visibilizar, vincular y transformar
El documental en desarrollo no será únicamente un producto académico. Su propósito es ampliar el alcance del ministerio y dar visibilidad a historias que muchas veces permanecen ocultas.
“Muchas veces se realizan grandes acciones, pero no se conocen… este proyecto permitirá visibilizar ese trabajo”, afirmó Guichard.
Además, el material será utilizado como herramienta de recaudación de fondos y difusión internacional, fortaleciendo la sostenibilidad de la organización.
La realización de este proyecto también fue posible gracias a una red de vínculos construida a lo largo del tiempo desde la Universidad de Montemorelos.
“En Alas de Vida hay algunos de nuestros egresados… y gracias a eso es que hubo una vinculación”, señaló la Mtra. Ana Elisa.
La participación de egresados como David Guichard, responsable del área de comunicación del ministerio, y Patricia Amado, colaboradora en el área de salud, permitió establecer el puente necesario entre la universidad y el campo misionero en Costa Rica.
Esta colaboración, además de facilitar experiencias académicas en escenarios reales, refleja el impacto sostenido de la formación universitaria más allá del aula. A través de sus egresados, la Universidad de Montemorelos continúa fortaleciendo redes que hacen posible proyectos donde la comunicación se convierte en una herramienta de servicio y transformación social.
Reportera de campo: Lisandra Vicente, editora: Brenda Cerón.






