Dios también acompaña en medio del fuego
Daniel 3 muestra una fe que permanece firme aun cuando Dios no evita la prueba y enseña que su presencia puede someternos mientras la atravesamos.
“Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo [...] Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses” (Daniel 3:17-18).
¿Quién quiere atravesar el fuego?
Es natural pedirle a Dios que nos libre de aquello que duele, preocupa o amenaza nuestra tranquilidad. Oramos para que muestre una salida, cambie las circunstancias y evite que tengamos que atravesar el fuego. Pero ¿qué sucede cuando la respuesta no llega de la manera que esperábamos y la prueba permanece frente a nosotros?
Daniel 3 relata que el rey Nabucodonosor levantó una estatua de oro y ordenó que todos se inclinaran ante ella. Sadrac, Mesac y Abed-nego sabían que negarse podía costarles la vida. Aun así, permanecieron de pie mientras los demás se postraban.
Su respuesta al rey revela una fe que no intentaba negociar con Dios. Estaban convencidos de que Él podía librarlos del horno, pero añadieron dos palabras decisivas: “Y si no”. Aunque Dios no los rescatara como esperaban, ellos no adorarían la estatua.
Con frecuencia pensamos que la fe se demuestra cuando todo termina bien. Sin embargo, aquellos jóvenes fueron fieles antes de saber cuál sería el resultado. No obedecieron porque tuvieran asegurada una salida, sino porque conocían al Dios a quien pertenecían.
La experiencia de estos tres jóvenes evidencian que la ausencia de una salida inmediata no significa la ausencia de Dios. Él pudo impedir que los jóvenes fueran arrojados al horno, pero permitió que entraran. Y fue precisamente dentro del fuego donde su presencia se hizo visible.
El rey esperaba verlos consumidos; en cambio, observó a cuatro personas caminando libremente entre las llamas. El fuego que debía destruirlos solamente quemó sus ataduras. Dios estuvo con ellos en el momento más difícil.
Quizá nuestra prueba no sea un horno literal. Puede ser una enfermedad, una pérdida, una puerta que no se abre, un conflicto o una etapa de incertidumbre.
La fe no niega el dolor ni obliga a aparentar que todo está bien. Nos permite atravesarlo con la certeza de que no estamos solos.
El testimonio de los tres jóvenes alcanzó al mismo rey que había ordenado su muerte. Nabucodonosor reconoció que Dios había estado con ellos y que su fidelidad no podía ser quebrantada por una amenaza.
Esto nos lleva a preguntarnos si nuestra confianza en Dios depende de que Él haga exactamente lo que esperamos. ¿Seguiría siendo fiel aunque la respuesta fuera diferente?
No sabemos qué fuego tendremos que enfrentar, pero sí podemos decidir a quién perteneceremos dentro de él. Nuestra mayor esperanza no consiste en una vida sin pruebas, sino en saber que Cristo permanece con nosotros. A veces Dios nos libra del fuego; otras veces nos acompaña al atravesarlo. En ambos casos, su presencia sigue siendo suficiente.
Editora: Brenda Cerón.






